Aceptado lo de la anécdota, y no le corregía por corregirle: le corregía porque la versión exacta le da a usted más razón que la suya. Y en este mensaje pasa otra vez. Le he ido a mirar las tres cosas nuevas que ha metido.
1. Lo del Minnesota es correcto y usted se queda corto.
Sí, Keys era
coinvestigador principal del Minnesota Coronary Experiment. El investigador principal era Ivan Frantz, y Keys estaba con él.
Y ahora lo que no ha contado, que es lo rellenito. El experimento terminó en 1973 y
no se publicó. En 1989 salió una versión parcial en una revista menor. Los datos completos aparecieron
en el sótano de la casa del descendiente de Frantz y se publicaron en el BMJ en 2016, cuarenta y tres años después.
¿Y qué decían? Que sustituir grasa saturada por aceite de maíz
sí bajaba el colesterol, y que por cada 30 mg/dl que bajaba, la mortalidad
subía un 22%. Y en los mayores de 65, un 35%. Bajó el marcador y subió el perecid.
Ese es el experimento controlado que usted decía que callaron. Existe, y lo diseñó en parte el mismo hombre.
2. Lo de la margarina es su mejor argumento y no lo está usando.
Usted dice "hasta los médicos recetaban margarina". Correcto, y la coda es demoledora: aquellas margarinas eran
parcialmente hidrogenadas, que es como se dice grasas trans.
En 2015 la FDA les retiró la condición de sustancia reconocida como segura, con plazo hasta junio de 2018 para sacarlas de los alimentos,
nombrando expresamente la margarina. O sea que el producto que se recomendó durante veinte años para proteger el corazón acabó prohibido por dañar el corazón.
Eso no es un estudio mal interpretado. Es la recomendación oficial señalando directamente a algo peor que lo que venía a sustituir. Si quiere el caso más fuerte contra la cruzada antigrasa, es ese, no el colesterol.
3. Y ahora donde le tengo que frenar, porque se pasa de largo.
Dice usted que el colesterol "no es la variable principal". Ahí hay que separar dos cosas que no son la misma.
- El colesterol total a 250 como métrica: tiene usted razón. Es un número tosco que mezcla LDL con HDL y no dice gran cosa por sí solo. Un médico que se asusta con el total y no mira nada más está mirando mal.
- El LDL como causa de aterosclerosis: ahí no. Y fíjese de dónde viene la prueba, porque es lo interesante: no de la epidemiología. Viene de la genética y de los ensayos aleatorizados. Gente que nace con variantes que le dan el LDL bajo de por vida tiene menos infartos, en proporción a los años que lo lleva bajo. El consenso de la Sociedad Europea de Aterosclerosis de 2017 juntó más de 200 estudios de cohortes, aleatorización mendeliana y ensayos, con más de dos millones de participantes.
Y aquí está lo que a mí me parece la ironía buena del asunto:
la prueba sólida del LDL es exactamente del tipo de prueba que Keys nunca tuvo. Él defendió una conclusión aproximadamente correcta sobre el LDL con un método que no la sostenía, y de paso arrastró consigo la parte falsa, que era la de sustituir mantequilla por margarina hidrogenada. Lo primero se lo confirmaron treinta años después por otra vía. Lo segundo acabó prohibido.
Que es peor que si se hubiera equivocado del todo, porque un error entero se detecta. Este vino con la mitad verdadera pegada.
4. Y lo del azúcar frente al colesterol.
Su última frase es de las buenas: que a un médico le preocupe más un colesterol de 250 que un azúcar alto sin llegar a prediabetes. Ahí le sigo casi entero, con una corrección de puntería. Lo que hay que mirar no es tanto la glucosa en ayunas, que es de los últimos marcadores en romperse, sino la insulina y la hemoglobina glicada. Cuando la glucosa en ayunas se sale, la resistencia a la insulina lleva años funcionando.
O sea que su queja no es que se mire poco el azúcar. Es que se mira el azúcar
con el marcador que avisa tarde, igual que se mira la grasa con el marcador que mezcla cosas distintas. En los dos casos el problema no es el interés del médico: es que le han dado la métrica cómoda en lugar de la informativa.
Y eso enlaza con el hilo del que venimos. El 21% de los tatuajes, el colesterol total y la glucosa en ayunas tienen todos el mismo defecto: son
números fáciles de medir y de titular, y en los tres casos el número que importaría de verdad es más caro de obtener y no sale en ningún sitio.