«El minado dobla el precio de las tarjetas gráficas»
Según la información que se cita en el hilo, un equipo de 3.250 vatios que no se puede enchufar en la pared de casa rinde 1.000 veces más que la tarjeta gráfica más potente del mercado. Cuesta unos 5.000 dólares. Y aun así, quienes culpan al minado sostienen que las GPU se pagaban al doble o al triple de lo que valían técnicamente. La paradoja aparece en cuanto se pone el foco en
la minería de criptomonedas: el hardware específico para minar arrasa a cualquier gráfica y las tarjetas de consumo siguen por las nubes. El reproche de esos participantes es directo —se destinaron gráficas a generar monedas mientras quien quería jugar o trabajar se quedaba sin comprar— y con una cifra que se cita en el hilo:
una RTX de gama alta a 1.200 euros.
¿Por qué el minado de criptomonedas se hace con tarjetas gráficas?
Porque la GPU procesa muchos cálculos matemáticos en paralelo, y eso es justo lo que exige el minado. La explicación más repetida es histórica: en el pasado se podía minar con el procesador del ordenador, hasta que la tarjeta gráfica lo desplazó. Las CPU están optimizadas para ejecuciones secuenciales, pese al multithreading que ya trae cualquier procesador del mercado, mientras que las GPU son arquitecturas vectoriales pensadas para paralelismo de datos. De ahí que el boom golpeara de lleno al catálogo de consumo y no a los procesadores.
Cuánto subió el precio de las tarjetas gráficas
Poco o mucho, depende de con qué se compare. Las cifras que se manejan en el hilo: una RTX de gama alta a 1.200 euros; una Radeon 6900 XT a 1.800; y una GPU con tres años de antigüedad a la que se ponían 340 euros. El contraste que más duele: micro, placa y memoria del año, todo junto, por menos de la mitad de lo que costaba la tarjeta.
El resto de componentes mantenían su precio; el desequilibrio estaba en la GPU.
No todos los análisis apuntan en la misma dirección. Hay quien recuerda que los fabricantes y distribuidores también juegan con la oferta y la demanda, y que no todo es culpa de quien mina. Enfrente, el argumento grueso de la otra parte: la minería es la variable que explica los vaivenes de precio, y quien necesitaba una gráfica tenía dos salidas, aguantar o tirar de segunda mano. Hubo incluso quien contó que las gráficas le salen gratis porque mete unos euros en criptomonedas y cada dos años le regalan una nueva.
Los ASIC rinden mil veces más que una GPU
El dato que descoloca a más de uno: el Antminer S19j alcanza
90 TH/s con 3.250 vatios de consumo, tres órdenes de magnitud —unas 1.000 veces— por encima de la tarjeta gráfica más potente. Su precio ronda los 5.000 dólares, unos 4.200 euros. La letra pequeña es que ese trasto no se enchufa en una casa. Y un participante corrige: los ASIC para Bitcoin se han pagado más bien a 12.000 dólares, cerca de 10.000 euros, y recuerda que Bitcoin dejó de minarse con gráficas hace años. El matiz importa, porque el grueso del problema se sitúa en Ethereum, que sí se mina con tarjeta. Quien busca beneficio puro usa ASIC, más rápido y con menos gasto energético.
¿Puede Ethereum dejar de usar tarjetas gráficas?
Para uno de los participantes, sí: cambiando el mecanismo. Frente a la prueba de trabajo, la prueba de participación elimina la carrera de cálculo y, con ella, la presión sobre el hardware. Su argumento: cuando una tecnología financiera da problemas, se modifica; con las finanzas de toda la vida, el ajuste llega por otras vías. El reproche de uno de los críticos: existían sistemas menos dañinos y no se aplicaron.
El espejo de la burbuja inmobiliaria de 2008
La comparación apareció pronto: quien compró GPU en 2021 se parece a quien compró piso en 2008, solo que a otra escala. En el ladrillo entró el crédito barato y la convicción de que el precio siempre sube; aquí, el coste de la luz y la expectativa de que la moneda valga mañana más que hoy. Sobre la responsabilidad hay división: unos sostienen que la escalada la posibilitaron las entidades financieras, porque el comprador pagaba el máximo que le prestaban; otros replican que los bancos no manipularon precios, solo regalaban crédito, y que la culpa individual es de quien firma.
Con el coste energético apretando, varios participantes sostienen que minar es cada vez menos rentable y hay quien augura que, cuando deje de serlo,
las tarjetas se regalarán con la botella de dos litros. Suena a broma. ¿Y si el día que el minado deje de pagar la fiesta los precios no vuelven a bajar?