Miedo y 42 chabolas calcinadas en el incendio del Tarajal
Un incendio declarado en la madrugada del jueves calcinó 42 chabolas en el exterior de Las Naves del Tarajal, en Ceuta, y dejó a decenas de personas durmiendo a la intemperie entre basura chamuscada. Entre ellas, Nihad El Mazraoui, 29 años, dos hijos de ocho y tres, natural de Castillejos, que cruzó la frontera el 31 de julio y desde entonces ocupa una tienda de campaña sostenida sobre palés junto a su marido. Su testimonio no admite adornos: «Voy a tener que volver a Marruecos, no puedo aguantar sin saber que pasará esta noche, si volverá el fuego, si nos dispararán otra vez».
42 chabolas menos y un campamento sin resolver
Los números del suceso son tan escuetos como el propio campamento: 42 estructuras destruidas, un asentamiento pegado a la frontera y una población que lleva semanas —algunos, desde finales de julio— viviendo sin suministro, sin seguridad y sin techo estable. La tienda de El Mazraoui se libró de las llamas por poco. Ese detalle, más que cualquier discurso, resume la fragilidad de un dispositivo de acogida que depende de palés y de la suerte.
El pulso entre devolución y acogida
El incendio ha reabierto el choque sobre el estatus de estas personas. Hay quien sostiene que, por haber entrado a través de la frontera, no les alcanza la resolución del Tribunal Supremo sobre devoluciones y deberían ser retornadas en menos de 24 horas. Enfrente, se argumenta que esas devoluciones en caliente chocan con las garantías que exige la normativa y que a una emergencia humanitaria no se responde con un retorno exprés. Desde el Ministerio del Interior se ha rebajado el asunto a una «sensación de inseguridad subjetiva».
El operativo de realojo, el estatus legal de los afectados y quién responde por las 42 chabolas quemadas siguen sin respuesta pública. El fuego se apagó en una madrugada. La cuenta de lo que dejó atrás, no.