Vamos como un cohete. Un cohete que no come ni llega a fin de mes.
Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: This feature may not be available in some browsers.

El dato que circula señala que las familias compran un 13 % menos de alimentos y, aun así, gastan un 17 % más en ellos. La diferencia entre ambas cifras es, en esencia, el precio. La brecha entre lo que se compra y lo que se paga resume el problema.
El dato que circula señala que las familias compran un 13 % menos de alimentos y, aun así, gastan un 17 % más en ellos. La diferencia entre ambas cifras es, en esencia, el precio.
La brecha entre lo que se compra y lo que se paga resume el problema. Un cálculo difundido en redes sociales, atribuido al economista Sebastián Puig, cifra en un 13 % la caída en la cantidad de alimentos que compran las familias y en un 17 % el aumento del gasto destinado a ellos. La conclusión es incómoda: se llena menos la nevera y se paga más por hacerlo.
Las dos cifras no miden lo mismo. Una habla de volumen: kilos, litros, unidades. La otra, de dinero desembolsado. Cuando el volumen baja y el desembolso sube, el precio por unidad ha subido lo suficiente para compensar la diferencia y aún dejar margen.
Eso significa que el encarecimiento de la cesta de la compra supera con holgura el 17 % de gasto adicional. Si se compra un 13 % menos y se paga un 17 % más, el precio medio implícito ha crecido muy por encima de esa última cifra. La aritmética no admite muchas interpretaciones.
Cuando el presupuesto aprieta, las familias no dejan de comer: cambian lo que comen. Menos proteína fresca, más marca blanca, más productos de temporada y menos caprichos. Ese ajuste explica buena parte del 13 % de caída en volumen.
El resultado es una dieta que se encoge en cantidad y calidad mientras la factura engorda. No es una decisión libre, es una adaptación forzosa. Y afecta más a quien menos margen tiene para absorberla.
La alimentación es el gasto menos elástico que existe: se puede recortar el ocio, el coche o la ropa, pero comer no. Cuando el precio de la comida sube más que los ingresos, el recorte se traslada a otras partidas o directamente a la cantidad ingerida.
Ese 17 % de gasto adicional no es un dato aislado: es dinero que sale de otros sitios. Y la diferencia entre comprar un 13 % menos y pagar un 17 % más es la medida exacta de cuánto se ha encarecido llenar el carro.
Otro gran éxito económico https://t.co/NtoQ4Zmcur
— Sebastián Puig ⚓ Ver publicación en X