El descontento con la pareja española se cuela en Economía
Un mensaje abre la caja de los truenos: «¿Las españolas son muy malas novias? ¿Qué opinan los que han probado otras opciones?». La pregunta, formulada en un subforo de Economía, desata decenas de respuestas en las que la queja personal se mezcla con el diagnóstico social. No es un hilo sobre citas: es un termómetro del malestar masculino con el mercado de pareja en España.
La primera respuesta no tarda en llegar: las novias españolas estarían «contaminadas del virus Feminazi» y el «porqueyolovalguismo narcisista a tope». Otro participante recuerda su experiencia a mediados de los 80: una pareja «fría e inexpresiva» que no daba ni un tema de conversación. La conversación deriva pronto hacia un juicio global: «No son malas novias. Las españolas son malas, a secas», sentencia un mensaje que las califica de malas en todas las facetas imaginables.
Del caso personal al veredicto colectivo
El hilo arranca con una pregunta aparentemente inocua y escala en pocas horas hacia un diagnóstico sobre la mujer española. Un participante sostiene que las guapas son «las mujeres más guapas del planeta Tierra», mientras otro responde que no tiene ninguna queja de su mujer, aunque admite que él y los suyos no son representativos por ser de «turbomegaextremaderechaterrordeechenique». Lo que observa en los más jóvenes es otra cosa: viven «acobardados y ninguneados», son «la última mierda de su hogar», muchos no duermen en su cama y ya no deciden ni el coche que compran. «Eunucos. Capados», resume.
La acusación de misandria cruza el hilo de lado a lado. Una participante responde con sarcasmo: «Supongo que tú eres huérfano, que tu puta madre como mala madre te dejó tirado en la calle». La respuesta no se hace esperar: «¿Ves como sois malas y agresivas? Sois misándricas a más no poder». La discusión se convierte en un intercambio de reproches sobre quién agrede a quién.
El origen de la falta de iniciativa masculina
Uno de los mensajes más desarrollados apunta a la acumulación de rechazos como causa de la pasividad masculina. «La innumerable cantidad de rechazos, faltas de respeto y humillaciones recibidas por mujeres (especialmente españolas) que en su mayoría están MUY por debajo del nivel de esos hombres en cuanto a atractivo físico, conocimientos, inteligencia, situación económica y potencial futuro», sostiene. El argumento conecta con la tesis de que el mercado de pareja está distorsionado.
La respuesta no se hace esperar: «Menudo pajote mental te acabas de montar en 2 segundos. Mucha suerte en la bida». Otro participante apunta que las relaciones de pareja «son los padres». Y un tercero reconoce que solo ha tenido una novia, su esposa, que no es española, así que no puede opinar.
Cuerpo, proporciones y comparaciones internacionales
El hilo deriva hacia la fisonomía. «La patircortez es unas proporciones inadecuadas. De niña-bebé, no de mujer. Y encima suelen ser taponas y tener cuerpo botijo. Las “apañolas” son DEFORMES en proporciones», afirma un mensaje. En clave europea, otro sitúa a las españolas solo por delante de inglesas y portuguesas, «después son claramente inferiores al resto».
La comparación con otros países aparece también en un testimonio: «Hasta un dominicano se me quejó de una novia española que tuvo y tenía hijos con 6 mujeres distintas». La anécdota se usa como prueba de un patrón.
El contrapunto: no todas, y no siempre
No todo el hilo es una condena. Un participante defiende que depende de con quién se dé: «Yo gracias a tener novia vivo como Dios y puedo permitirme estar sin trabajar. Pero sí que sé de algunos conocidos a quienes no les va tan bien, pero por ser tontos, cagaprisas e irse con la primera muerta de hambre que les hace un poco de caso, en vez de tener paciencia y elegir bien». La responsabilidad, dice, es también del hombre que elige mal.
Otro mensaje apunta al entorno: «El problema de la mujer española es la cantidad de arrastrados pagafantas españoles y los padres de las niñas que las maleducan». La educación y el cortejo, más que la biología, estarían en el origen del problema.
El cierre: donde el análisis se atasca
El hilo no llega a un acuerdo. Unos sostienen que el problema es cultural y educativo; otros, que es estructural y económico; unos terceros, que es de selección de pareja. La única coincidencia es que algo no funciona. Y que nadie sabe exactamente qué.