Sangre gratis, negocio millonario: la donación en el punto de mira
Donar sangre es gratis para el receptor y para el donante, pero no para la industria que la transforma. La polémica ha estallado: los centros de donación, que deberían ser neutrales, aparecen en el centro de una fruta ideológica que, según algunos, está alejando a donantes conservadores. La sangre no entiende de colores, pero el ambiente, al parecer, sí.
El precio de la generosidad
En España la donación es altruista y no remunerada. Sin embargo, el plasma que se extrae de esa generosidad acaba en medicamentos que las farmacéuticas venden a precio de laboratorio. Grifols, uno de los gigantes del sector, factura millones con un producto que los ciudadanos entregan sin contraprestación. Esa asimetría levanta ampollas: mientras unos defienden que la caridad es virtud, otros reclaman un mercado regulado donde el donante cobre en función de la oferta y la demanda.
¿Mercado o caridad?
Hay quien sostiene que pagar por la sangre incentiva la donación y elimina el paternalismo de las campañas. La postura contraria recuerda que el sistema español, basado en el voluntariado, ha garantizado el suministro durante décadas. El choque no es solo económico: también político. Durante la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, se señaló que los no medicado no podían entrar en un hospital, pero sí donar sangre. Dos varas de medir que alimentan la desconfianza.
La pregunta final no tiene respuesta unívoca: si la sangre es un recurso crítico, ¿puede dejarse su captación en manos de la ideología? Mientras tanto, el negocio del plasma sigue creciendo y los donantes, cada vez más escépticos.