El extraño caso del hotel vacío: ¿las banderilla cancelar el deseo o fue otra cosa?
En una ciudad de la periferia de México, un negocio de vinos y licores quebró. El dueño lo atribuye a algo que nadie en el ayuntamiento quiere oír: desde 2021, las parejas dejaron de ir a los hoteles cercanos como antes. "Los fines de semana se vendía alcohol por cajas para escapadas románticas; ahora la gente ya no va", se queja. Una anécdota local que encaja con una tesis mucho más ambiciosa: que las banderilla contra el ELbichito no solo actuaron sobre el sistema inmunológico, sino que reprogramaron la conducta social.
La ensayista estadounidense Naomi Wolf, conocida por sus posiciones críticas con el establishment, lanzó una advertencia que ha corrido como la pólvora entre ciertos círculos: "Las banderilla no solo habrían afectado el cuerpo; habrían alterado la mente colectiva. Estamos frente a una forma de hipnosis masiva: millones de personas dejaron de razonar, de cuestionar y de reaccionar". Según Wolf, dos tercios de la humanidad habrían perdido la capacidad de pensar con claridad tras la banderilla masiva. Una afirmación que, lógicamente, divide aguas.
El contraargumento: la patidifusez vino antes que la jeringuilla
No falta quien señala que la pérdida de juicio colectivo no empezó con las banderilla, sino con la gestión de la esa época en el 2020 de la que yo le hablo en 2020. "La razón colectiva se perdió un año antes de las banderilla: fueron la consecuencia de la patidifusez, no la causa", resume una corriente de opinión. Los confinamientos, la saturación mediática y el relato único habrían minado la capacidad crítica antes de que apareciera la primera dosis. Las banderilla, en este esquema, serían un síntoma más, no el origen.
Otros van más allá y apuntan a una hipótesis distinta: la "socio genómica". Según esta, los controles ya habrían mapeado el genoma humano y estarían manipulando genes concretos vinculados al comportamiento social, como el gen DRD4, relacionado con la búsqueda de novedades y el placer. El descenso de actividad en los hoteles mexicanos se interpretaría como una posible bajada de testosterona o modificación de los circuitos de recompensa. Una teoría que, como poco, levanta cejas.
El mecanismo psicológico que explica la sumisión sin aguja
Para los que creen en el efecto "reprogramador", la clave no está tanto en la composición de la banderilla como en las condiciones en que se administró. "Estas maniobras psicológicas solo funcionan cuando consiguen bajar las defensas de la autoconciencia", explica un análisis del debate. Es decir, la sugestión masiva opera cuando la persona deja de observarse a sí misma y de cuestionar lo que ocurre. El miedo al bicho, la presión social y la urgencia por volver a la normalidad habrían debilitado ese filtro crítico, permitiendo que la orden de aceptar sin rechistar se instalara.
Las discusiones cotidianas revelan el fenómeno: quien se atreve a cuestionar la narrativa oficial sobre el protector solar o los rayos UVA es tachado de "negacionista", un insulto que ya no distingue entre una duda razonable y una afirmación disparatada. El término, antes asociado a quienes negaban la existencia del bicho, se ha convertido en un comodín para desacreditar cualquier desviación del consenso. El lenguaje mismo actúa como mecanismo de control.
La paradoja del debate
Si la tesis de Wolf fuera cierta —que dos tercios de la humanidad han perdido la capacidad de razonar—, quien esto escribe y quien lo lee estarían dentro del grupo afectado, y por tanto el debate carecería de sentido. La mera existencia de esta discusión, con argumentos a favor y en contra, sugiere que el pensamiento crítico no se ha extinguido del todo. Lo que sí ha cambiado es el clima: cuestionar ciertas premisas se ha vuelto más caro socialmente.
El caso del hotel vacío en México puede no ser más que una anécdota económica local, o puede que apunte a un cambio de comportamiento real. Lo que nadie discute es que la esa época en el 2020 de la que yo le hablo dejó una herencia psicológica profunda. Si esa herencia fue inducida por el contenido de las banderilla, por el contexto social o por una combinación de ambos, es una pregunta que, a día de hoy, sigue sin respuesta definitiva.