Lo que te corrompe, la…
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La tradición cristiana empareja cada pecado capital con una virtud contraria: avaricia con generosidad, pereza con diligencia, ira con paciencia, soberbia con humildad, gula con templanza, lujuria con castidad y envidia con bondad. La lista de siete pecados quedó cerrada por Gregorio Magno en el año 590, aunque antes habían circulado ocho.
Evagrius de Ponto, monje del siglo IV, enumeró hacia el año 375 ocho «pensamientos malignos» que asaltan la mente. Juan Casiano los trasladó a Occidente y Gregorio Magno los dejó en siete en el año 590. Capital viene del latín caput, cabeza: son la raíz de la que brotan otros vicios.
Tomás de Aquino los ordenó en la Summa Theologiae, terminada en 1274, y el Catecismo de la Iglesia Católica, promulgado en 1992, mantiene esa lista. La tradición presenta los dos catálogos como caminos opuestos: unos pensamientos empujan al vicio, otros a la virtud.
La pereza traduce el griego acedia, la negligencia del espíritu que Evagrius llamó demonio del mediodía. Nada que ver con no barrer. El monje debía combatirla con la diligencia, no con la agenda llena. Detectar cuál manda en cada uno es más difícil de lo que parece.
CLAVES
- Gregorio Magno dejó los pecados capitales en siete en el año 590.
- Evagrius de Ponto había enumerado ocho pensamientos malignos hacia el 375.
- «Capital» viene del latín caput, cabeza: son raíz de otros vicios.
- La acedia original se llamaba demonio del mediodía, no simple pereza.
- Tomás de Aquino los ordenó en la Summa Theologiae, terminada en 1274.
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