La tokenización de BlackRock: el movimiento que revaloriza el dinero en efectivo
Larry Fink ha conseguido lo que ninguna campaña por el dinero contante y sonante había logrado: que el efectivo vuelva a parecer un refugio razonable. Su apuesta por tokenizar activos –empresas, propiedades, incluso viviendas– ha puesto en alerta a la banca internacional, que ve en la iniciativa del máximo ejecutivo de BlackRock un intento de crear moneda privada sin límite.
La tesis central de la corriente más alarmista recuerda que los tokens se mueven como dinero pero solo son un apunte electrónico respaldado por los bienes que se aportan. El dólar digital al menos tiene detrás la deuda pública de Estados Unidos, por poco que valga. El token de Fink tendría detrás todo lo que el usuario sacrifique, que dejaría de ser suyo. Y quien controla el sistema de intercambio, los bancos tradicionales, no va a tolerar que se escape de su monopolio de creación de moneda. Si persiste, lo van a liquidar, se argumenta.
Otra lectura, más pragmática, sostiene que BlackRock es del mismo bando que la banca. Si mueve ficha es porque puede, y probablemente porque se lo han encargado. No verán caer su invento. En el horizonte, el agua aparece como el próximo bien a poner en el punto de mira, y hay quien ya habla de olfatear sangre antes de lanzarse a la piscina.
La ironía final es que el intento de Fink puede acabar salvando el papel moneda: si la banca logra frenarlo, el efectivo quedará como el único medio que no depende de un emisor privado. Es una predicción con muchas reservas. Pero en el juego del capitalismo financiero, el cebo se suele tragar a quien lo lanza.