La UE impone una nueva tasa de aduanas en compras online desde 2026
Un intento de compra: una funda para el móvil, dos piezas de plástico para la bandeja del coche y una pulsera. Hace un año, el pedido costaba menos de diez euros. Entre la subida de precios y los recargos de aduanas, ahora supera los veinte. Es el ejemplo que resume el nuevo escenario para el comercio electrónico desde fuera de la Unión Europea, que verá agravado a partir del 1 de noviembre de 2026 con una segunda tasa de aduanas.
Los números del sobrecoste
El recargo base que ya se aplica a cada envío procedente de fuera de la UE es de tres euros. A esa cifra hay que sumarle el IVA, lo que eleva el sobrecoste a 3,60 euros por categoría. La nueva tasa que entrará en vigor en noviembre de 2026 se añadirá a este recargo, aunque todavía se desconocen los detalles exactos. El resultado es que un pedido pequeño puede ver incrementado su precio final en un 50% o más. Para productos de bajo valor, esta carga supone a menudo más que el propio artículo.
¿Protección o recaudación?
La Comisión Europea justifica la medida como un intento de fomentar la producción local y reducir la dependencia de las importaciones chinas. Sin embargo, no todos lo ven así. Hay quien sostiene que la UE carece de ventajas competitivas reales: la energía se paga a precio de oro, la maquinaria se importa y los costes laborales, aunque no siempre decisivos en productos de bajo valor, se ven lastrados por una regulación asfixiante. El resultado sería un empobrecimiento neto de los consumidores, que acabarían pagando más por artículos que Europa no fabrica ni tiene intención de fabricar.
La respuesta china
China no se ha quedado quieta. Las grandes plataformas están abriendo almacenes en Europa para eludir los aranceles aduaneros, una estrategia que ya se ha visto en el sector del automóvil. Mientras tanto, las compras de bajo valor desde Europa a China han caído un 95%, según los datos disponibles. La pregunta es si la caída se debe a la tasa o al descontento con los tiempos de entrega y los costes logísticos. Los consumidores empiezan a comparar, y la diferencia entre Amazon y Temu se ha reducido: en algunos productos, la proporción es de dos a uno.
El dinero recaudado con estos recargos se va a un fondo común sin que los ciudadanos conozcan su destino. La próxima vez que un paquete venga de China, piensa en los 3,60 euros que se destinan a un agujero negro fiscal. Mientras tanto, las fábricas europeas de baratijas siguen sin aparecer. El dato que descoloca es que, a pesar de la caída del 95% en las compras, no hay evidencia de un renacimiento industrial. Solo hay un impuesto nuevo.