¿Sabes que a partir de julio de 2026 tu coche nuevo llevará una cámara mirándote fijamente al volante? No es ciencia ficción: la Unión Europea ha aprobado el Reglamento ADDW (Attention Detection Warning), que exige que todos los vehículos nuevos incorporen un sistema de vigilancia del conductor mediante cámaras interiores. El objetivo oficial es detectar distracciones y somnolencia para reducir accidentes. Los datos se procesan en tiempo real dentro del coche y, según la norma, no pueden identificar biométricamente al ocupante ni conservarse de forma continua. Además, el conductor puede desactivar el sistema manualmente, aunque se reactiva cada vez que arranca.
Así funciona el ojo que no parpadea
El sistema ADDW rastrea el movimiento de los ojos, la posición de la cabeza y los niveles de atención. Si detecta que el conductor aparta la mirada de la carretera durante varios segundos o muestra signos de somnolencia, emite una alerta sonora o visual. No puede –al menos sobre el papel– bloquear el coche ni enviar multas automáticas. Tampoco está autorizado a compartir vídeo con aseguradoras, aunque el recelo persiste: "Las aseguradoras se están frotando las manos", apunta un análisis, ante la posibilidad de usar esos registros para negar coberturas.
La paradoja es que, mientras la UE exige este sistema para que no apartes la vista, los mismos coches eliminan botones físicos y obligan a manejar la climatización o la radio en pantallas táctiles, forzando precisamente la distracción que se pretende evitar. Un usuario que ya tiene un modelo con cámara interior desde 2018 relata que el pitido se disparaba cada 20-30 minutos por su baja tensión ocular, y que incluso con gafas de sol el sistema se volvía orate. Con la inteligencia artificial actual, los falsos positivos pueden multiplicarse.
Coste, obsolescencia y el mercado de segunda mano
La industria del automóvil, que ya sufre el desplome de ventas y el cierre de fábricas –Volkswagen ha anunciado el despido de 100.000 trabajadores–, recibe otra carga normativa que encarece los modelos. Un Dacia básico que ronda los 20.000 euros podría subir a 25.000 con el ADDW y demás sistemas obligatorios. "La seguridad les importa un cigot, lo que quieren es encarecer los coches para que casi nadie pueda comprarlos", resume una voz crítica. Como consecuencia, muchos conductores optan por no renovar y buscar coches de segunda mano anteriores a 2026, lo que alarga la vida del parque móvil pero también retrat la renovación hacia vehículos más seguros.
La durabilidad de estos componentes también preocupa: pasados 7-8 años, las cámaras y sensores pueden fallar y, sin recambio, el coche no pasaría la ITV. Ecología de usar y tirar, llaman a esto.
¿Y en Estados Unidos?
Al otro lado del Atlántico, la NHTSA también ha ordenado tecnología similar para prevenir la conducción bajo los efectos del alcohol o el cansancio, con un plazo de obligatoriedad en 2027. Aunque las especificaciones difieren, el enfoque es el mismo: meter una cámara en el habitáculo. La diferencia es que en la UE el reglamento prohíbe explícitamente la identificación biométrica y obliga al procesamiento local, algo que en EE.UU. no está tan garantizado.
Entre la seguridad y el Gran Hermano
El debate está servido: mientras unos aplauden la medida como un avance frente a conductores temerarios –"las carreteras están llenas de beodos y ralea", argumentan–, otros la ven como un paso más hacia la vigilancia total. "Paso previo a monitorizar a todo el mundo hasta dentro de sus propios coches", alertan. El reglamento, al menos en su redacción actual, deja cierto margen: permite desactivar el sistema, aunque se reactive en cada arranque. Pero la desconfianza en la burocracia europea es tal que algunos ya preparan la cinta aislante para tapar la cámara.
Con estos mimbres, la pregunta que flota es: ¿realmente necesitamos un ojo electrónico que nos corrija cada vez que miramos el móvil en un semáforo? Quizá lo que necesitamos es más sentido común y menos reglamentos que, como los airbags de los 90, al final se normalizarán. Pero mientras tanto, la industria, las aseguradoras y los conductores se preparan para una nueva era de conducción asistida… o vigilada. Según se mire.