La ‘toga nostra’ y el blindaje judicial a Ayuso
La expresión ‘toga nostra’ se ha instalado en el análisis político español como un molde perfecto para nombrar lo innombrable: la presunta protección de una parte del poder judicial al entorno de la presidenta madrileña. No es un hallazgo académico, es un murmullo que ha ido creciendo hasta volverse grito en los tribunales. Y el caso de Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso, investigado por presunto embeleco fiscal y falsedad documental, se ha convertido en el laboratorio perfecto para testarlo.
El caso Amador como perfecta tormenta judicial
En la acusación popular se asegura que existen pruebas “a manta” y que el proceso avanza con una lentitud sospechosa. La comparación con la estrategia de dilación de los casos Gürtel y Montoro ya es un lugar común. La respuesta de los escépticos tiene su contundencia: los mismos jueces que en teoría formarían la ‘toga nostra’ condenaron a miembros del PP a cincuenta años de prisión en la Gürtel. Si esa hermandad de togas fuera real y monolítica, esos fallos serían inexplicables.
El argumento no desmonta la sensación de autoprotección corporativa, pero obliga a afinar el diagnóstico: no hay una mafia única, sino redes informales de complicidad que se activan según la coyuntura.
El fiscal general, segundo frente de una guerra no declarada
El otro frente lo abrió la causa contra el fiscal general del Estado. Quienes la critican hablan de una operación sin pruebas; quienes la defienden recuerdan que no fue la Fiscalía la que la impulsó, sino una acusación popular. El matiz no es menor, porque cambia el relato de un golpe institucional a un simple ejercicio de derecho ciudadano.
Mientras tanto, el relato político hace su agosto. A la izquierda le interesa el escándalo y a la derecha también: unos para señalar el chiringuito institucional y otros para denunciar una guerra judicial. La sospecha generalizada es que el tiempo se usa como instrumento de desgaste y que cada retrat en el caso Amador regala un argumento nuevo al adversario. La ‘toga nostra’ probablemente sobreviva a este episodio y se recicle en el próximo. Si los casos se atascan, no habrá incidente que no se le atribuya; si avanzan, habrá quien diga que la conspiración no era tal. La confianza en los tribunales no saldrá indemne en ningún escenario.