El terremoto de Colombia y la política de los mensajes de la tierra
¿Qué mensaje envió el terremoto de Colombia? Depende de a quién se le pregunte. Para unos, un aviso sobre el cambio climático; para otros, una advertencia divina; y para el presidente colombiano, Gustavo Petro, una ocasión para pronunciar unas palabras que las redes aún están digiriendo. El seísmo sacudió el país y, a los pocos minutos, también las cronologías de media España.
Las reacciones no tardaron en mezclar la placa tectónica con la trinchera ideológica. Mientras unos veían en el temblor un castigo moral, otros respondían con ironía: que si el cambio climático, que si Franco, que si Venezuela. La conversación digital se convirtió en un arma arrojadiza más entre los bandos de siempre, y la víctima real, el drama humano sobre el terreno, quedó en un segundo plano.
Entre el ruido hubo quien intentó poner ciencia sobre la mesa: los terremotos son lo que tienen las placas tectónicas. Sin ajustes de cuentas con el cosmos. La tierra no envía mensajes; se limita a moverse. Y de paso, recordaba una de las intervenciones, también arde cuando el narcotráfico prende fuego a la vegetación para cultivar droga. Esa es la única «comunicación» que la naturaleza mantiene con nosotros: la que nosotros le provocamos.
La tierra grita, sí, pero el ser humano prefiere oír su propio eco. El terremoto de Colombia no trajo ningún mensaje oculto; lo que hizo fue devolvernos todos los prejuicios que llevamos dentro. Mientras tanto, las placas seguirán deslizándose, ajenas a nuestros tuits y a nuestros titulares. Quizá la única lección es que, para un desastre natural, el mejor intérprete es un sismólogo, no un tuitero.