La selectividad: solo para carreras sanitarias
Hacer pasar a todos los estudiantes de Bachillerato por el mismo examen de acceso, cuando la mayoría de grados tienen plazas de sobra, es un sinsentido que arrastramos desde los años 90. Quienes defienden la selectividad como reválida objetiva chocan con un dato incómodo: para Ingeniería, por ejemplo, basta una prueba específica de matemáticas y física, no un examen general que premia la memoria.
El corralito de las sanitarias
Medicina, Odontología, Enfermería y Fisioterapia concentran la demanda real. En el resto de titulaciones, el número de plazas supera al de aspirantes. Mantener un examen nacional para todos solo beneficia a quienes necesitan baremar notas para acceder a esas carreras saturadas. Para el resto, es burocracia pura.
La brecha entre pública y privada
Un argumento recurrente es que la selectividad equilibra la inflación de notas en centros privados y concertados, que según algunas estimaciones llega a dos puntos más de media sobre la pública. Sin embargo, la evidencia no es unánime: hay quienes afirman que en selectividad los alumnos de concertados obtienen notas similares o superiores a su expediente, desmontando el mito de la nota regalada.
¿Burbuja universitaria?
La universidad se ha convertido en un refugio sin salida para muchos. Quienes no habrían accedido sin la selectividad fácil acaban perdiendo años y dinero. La pregunta que queda en el aire: si la selectividad solo sirve para filtrar en cuatro carreras, ¿por qué la seguimos sufriendo todos?
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