¿Puede la producción pública domar la inflación? Los datos que enfrentan dos modelos
La inflación no cede y el fantasma del control de precios y la producción pública resurge en los debates económicos. Pero, ¿qué dice la experiencia histórica? Mientras una corriente defiende que el monopolio estatal fue la receta del milagro español entre 1923 y 1930 y de 1939 a 1975, otra lo tilda de mito interesado y señala a la política monetaria como la verdadera causa.
Los defensores del modelo público: pleno empleo y deuda cero
Quienes abogan por la producción pública como antídoto inflacionario recuerdan que, bajo los monopolios estatales, España alcanzó pleno empleo (3,7% de paro en 1975), deuda soberana cero y un poder adquisitivo que permitía a cualquier trabajador comprar una vivienda de obra nueva en la capital con el sueldo de un año y mantener a una familia de cinco hijos. Se construyeron 3,3 millones de viviendas entre 1950 y 1975. La tesis es que la inflación actual no es un fenómeno monetario, sino una estafa especulativa de las multinacionales que fijan precios al alza de forma coordinada. El control de precios por ley, según esta visión, fracasaría porque los productores frenarían la oferta; la solución es que el Estado vuelva a producir directamente los bienes básicos.
Los críticos: inflación monetaria y un estado ineficiente
En el otro extremo, se sostiene que la inflación es un fenómeno esencialmente monetario: el banco central imprime dinero sin freno, y el Estado agrava el problema con déficit e impuestos. La empresa pública, lejos de ser eficiente, genera enchufismo, déficits y servicios caros. El ejemplo de Telefónica es recurrente: en su etapa pública tenía las tarifas más altas de Europa y el peor servicio; hoy, con la competencia privada (Digi), los precios son mucho más competitivos. Además, se argumenta que el franquismo no fue un modelo de producción pública: la inmensa mayoría de bienes y servicios los producían empresas privadas, y fue el sector privado quien construyó los millones de viviendas. La pérdida del 90% del poder adquisitivo desde entonces se atribuye al aumento de impuestos (IRPF, IVA) y a la regulación excesiva que encarece todo.
El elefante en la habitación: la vivienda
El debate se encona especialmente en el precio de la vivienda. Un bando lo atribuye a la especulación pura de quienes controlan el stock, señalando que aún hay millones de viviendas vacías. Otro apunta a la demanda masiva creada por la inmigración (6 millones de personas) y a la ausencia de construcción de obra nueva, agravada por leyes proteccionistas y trabas administrativas. Un dato demoledor que se esgrime: el mismo piso que el abuelo de alguien compró por 100.000 pesetas hoy se vende por 300.000 euros, un 50.000% de subida que ninguna subida de impuestos o salarios justifica.
El choque de modelos es total. La experiencia histórica se invoca en ambos sentidos, pero los datos disponibles no cierran la brecha. Lo que sí queda claro es que la solución no es sencilla ni el control de precios ni la producción pública parecen recetas milagrosas sin efectos secundarios, pero tampoco la política monetaria actual ha logrado contener una inflación que sigue golpeando a los bolsillos.
Los cálculos detallados de poder adquisitivo, la evolución del precio de la vivienda y la comparativa de eficiencia entre empresas públicas y privadas en sectores clave se pueden consultar en el análisis completo que ha generado este intenso cruce de posturas.
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