El pacto Persia-Arabia para redibujar el mapa de Oriente Medio
La paz en Oriente Medio podría pasar por un pacto entre Persia (Irán) y Arabia Saudí para redibujar el mapa de la región, eliminando los pequeños estados creados artificialmente por las potencias coloniales y sustituyéndolos por tres grandes naciones históricas: la Gran Arabia, la Gran Persia y Mesopotamia. Así lo plantea un análisis que circula en círculos no oficiales, basado en la idea de que las fronteras actuales son un obstáculo para la estabilidad y que solo estados viables y autosuficientes podrían expulsar a las potencias externas.
Los tres grandes estados históricos
La propuesta contempla que Arabia Saudí se anexione Emiratos, Catar, Baréin, Yemen y Omán, formando una Gran Arabia que controle los recursos energéticos y prohíba bases militares extranjeras. Persia, por su parte, se anexionaría Afganistán, argumentando vínculos culturales y lingüísticos persas, y además negociaría con los talibanes. En el centro, Irak absorbería Kuwait y se uniría a Siria, Jordania y Líbano para refundar Mesopotamia, la cuna de la civilización. El objetivo es crear países grandes, sólidos y fuertes que controlen sus propios recursos y mantengan una alianza defensiva.
El escepticismo ante la viabilidad
La mayoría de los análisis apuntan a que semejante reordenación choca con los intereses de las grandes potencias, especialmente Estados Unidos, que mantienen bases en la región y no permitirían perder el control sobre el golfo Pérsico. Además, las rivalidades internas entre las propias monarquías del Golfo, la cuestión palestina y la influencia de Israel hacen improbable un acuerdo de tal magnitud. Por otro lado, se señala que el Islam político y las diferencias sectarias entre suníes y chiíes seguirían siendo un obstáculo incluso dentro de estados ampliados.
El papel de las potencias externas
Un punto de consenso es que las fronteras actuales son herencia del colonialismo británico y francés, diseñadas para dividir y controlar. La propuesta busca revertir ese legado, pero se enfrenta a la realidad de que las potencias actuales (EE.UU., China, Rusia) tienen sus propios intereses en la región. Se menciona que sin un cambio en el equilibrio global, cualquier reordenación sería inviable.
¿Y después de la guerra?
La pregunta que queda abierta es si la comunidad internacional, y sobre todo las potencias con intereses en la región, permitirían una remodelación tan profunda. De momento, es una hipótesis teórica que despierta tanto entusiasmo como escepticismo. El dato que nadie explica es cómo se superarían las décadas de desconfianza entre las élites locales y la dependencia económica de las monarquías del Golfo respecto a la protección militar estadounidense.
Debates relacionados en el foro