La Sexta entrevista a una nieta argentina que milita en IU
La ley de nietos tiene cara visible y esa cara tiene carné. El magazine vespertino de La Sexta presentó como víctima de la anulación de su derecho al voto a una descendiente argentina que, según se ha acreditado después, pertenece a la Federación de Izquierda Unida en el Exterior. Pilar Moura, que accedió a la nacionalidad Española por la conocida como ley de nietos, explicó ante la cámara lo absurdo de tener que documentar un exilio familiar de hace nueve décadas. El Supremo había anulado su derecho a votar en España. Hasta ahí, el relato. El detalle que falta es de dónde sale ese nombre.
Qué es la ley de nietos y por qué el Supremo anuló su voto
La norma permite que descendientes de emigrantes y exiliados españoles obtengan la nacionalidad sin cumplir los plazos de residencia que se exigen por la vía ordinaria. Según el relato que defiende el propio medio, Moura forma parte de las personas que accedieron a ese derecho y que después vieron cómo el Supremo anulaba su capacidad de votar en España. La reacción indignada —«¿papeles? ¿Cuál es la credencial?»— circuló como ejemplo de la rigidez administrativa aplicada a quienes llevan un siglo fuera.
La objeción más repetida en el análisis crítico es otra: que la ley se diseñó para hijos y nietos de exiliados de la Guerra Civil y se está utilizando, se sostiene, para engordar el censo con votantes afines al otro lado del Atlántico. Hay quien recuerda, además, que el flujo migratorio transatlántico se cerró casi en seco con la crisis de 1929 y no se reabrió hasta 1946, lo que deja la fecha familiar que la entrevistada cita en un lugar incómodo.
La Federación de IU en el Exterior: quién milita sin pisar España
El dato que rompe la pieza es organizativo. Izquierda Unida mantiene una estructura de militantes en el exterior que agrupa a personas de nacionalidad y origen español residentes en Argentina, Bélgica, Alemania, Francia, Suiza, Suecia, Uruguay o México. Muchos no han pisado España nunca. La entrevistada no vive aquí, aunque viaje ocasionalmente por su militancia.
Es decir: la persona presentada como damnificada anónima por un problema administrativo resulta ser cuadro de un partido que forma parte del Gobierno que aprobó la norma en cuestión. No hay ilegalidad en ello. Tampoco en presentarla. Pero el encuadre cambia bastante.
El choque de fondo: ¿puede votar quien no reside ni cotiza?
Detrás del episodio hay una discusión más vieja y más seria: si alguien que no vive en España, no cotiza aquí y no paga impuestos aquí debe conservar derecho a voto en elecciones generales. La posición dura lo resume así: nadie que no cotice y no tribute debería votar. La respuesta blanda apela al vínculo de origen y a la condición de español reconocida por ley. Ninguna de las dos posturas va a resolverse con un tuit.
Lo que el episodio deja claro es que el blindaje mediático de una ley se rompe por el flanco más tonto: el carné de la protagonista. La próxima víctima conviene que sea del club contrario, o al menos que no aparezca en el censo de militantes. Si esto se repite, la ley de nietos dejará de debatirse con datos y pasará a juzgarse por los protagonistas que cada cadena elija. Y eso, para una norma que mueve nacionalidad y voto, es la peor forma posible de discutirla.