El Español sitúa a Sáenz de Tejada como enlace con Los Rochos
Una fuente presente en las negociaciones, citada por El Español y El Mundo, sitúa al exmagistrado Luis José Sáenz de Tejada como el interlocutor entre las denominadas cloacas del PSOE y el clan de Los Rochos durante la primavera de 2025. La oferta que se atribuye a esos contactos se resume en una frase: «Eliminad a Biedma y la Fiscalía cerrará vuestros casos». Son acusaciones recogidas por la prensa, sin confirmación judicial ni de las partes, sobre las que rige la presunción de inocencia.
Qué publicaron El Español, El Mundo y El Debate
Según esas informaciones, Sáenz de Tejada fue reclutado por Santos Cerdán y Leire Díez para montar un dispositivo en Badajoz con el que apartar a la magistrada Beatriz Biedma, que instruye la causa que afecta a David Sánchez, hermano del presidente del Gobierno. La jueza habría pasado a estar, en palabras recogidas por El Mundo, «por primera vez preocupada».
El medio El Debate añade un episodio más incómodo: un enviado de Leire Díez habría mostrado a un narcotraficante la rutina diaria de Biedma para que le diese «un sustillo», con un seguimiento físico de por medio. Ninguna de estas piezas consta validada por un tribunal.
Quiénes aparecen en la trama que se atribuye a la cloaca
El nombre central es el de Sáenz de Tejada, exjuez apartado de la carrera judicial por una condena de violencia de género. Por encima aparecen Santos Cerdán y Leire Díez, que según su propia versión informaban de manera regular a Antonio Hernando de sus actividades para el PSOE. Hay que subrayar el modo verbal: informaban, era, montaba. Todo esto procede de fuentes periodísticas, no de una sentencia.
¿Por qué parte del análisis da por hecho que no pasará nada?
El escepticismo es la corriente con más peso. La hipótesis dominante no discute tanto el fondo —los contactos, la oferta, el señalamiento a una jueza— como su recorrido: se asume que un asunto así se quedará en el terreno periodístico sin consecuencias penales. Frente a esa lectura, otra línea insiste en la gravedad del salto: presionar a un funcionario por cumplir su trabajo no es lo mismo que los episodios violentos del pasado con los que algunos lo comparan.
La brecha que nadie cierra es la de la responsabilidad hacia arriba. Si el plan existió, quién lo ordenó; si no existió, por qué dos cabeceras distintas lo sostienen con nombres y apellidos. Ahí se atasca el análisis, entre la gravedad que se describe y la impunidad que casi todos dan por hecha.