La medicina se feminiza: el 59% ya ejerce y el 71% estudia
La Organización Médica Colegial lo llama «inversión completa» de la profesión. En 1882 Dolors Aleu se convirtió en la primera mujer en ejercer la medicina en España y su caso fue una anomalía durante casi ochenta años. Hoy ellas son
163.581 médicas en activo, un 59% del total, y 51.199 más que los varones. En las facultades el porcentaje sube al
71% de los estudiantes. El informe de la OMC, presentado un jueves de noviembre de 2025, constata que la tendencia no se agota: se profundizará cuando esas alumnas se gradúen.
El dato convive con otro que lo desmiente a medias. Los hombres ocupan el
64% de los puestos de responsabilidad y el 72% de las jefaturas de servicio, según Women in Medicine. La vicesecretaria de la OMC, Virginia Izura, lo atribuye a una cuestión de antigüedad: los cargos llegan tras años de carrera y la feminización es más intensa en los tramos jóvenes. Por debajo de los 65 años ellas son mayoría en todos los grupos de edad; entre los menores de 44, dos de cada tres médicos son mujeres. Por encima de esa edad, el 58% son hombres.
Qué exige la OMC para que el sistema aguante
El informe no se limita a constatar el vuelco. Advierte de «importantes desafíos por resolver» y pide una reestructuración de la
Sanidad en la que la conciliación sea un parámetro de diseño, no un añadido. Izura menciona la baja maternal y la lactancia como factores exclusivos de las mujeres que deberían tenerse en cuenta al organizar los servicios: que la médica no pierda plaza, cotización ni antigüedad, y que el paciente no note el hueco.
Sustituir a tiempo es la parte que chirría.
El contexto presupuestario no ayuda. Los médicos reclaman más salario y un pacto de reposición equitativa ante la jubilación de
69.000 facultativos en diez años. La OMC habla de cambio estructural; en el material se recoge la expresión «un problemón» atribuida a los médicos.
El techo de cristal que no cede con la demografía
La paradoja es de manual: sobrerrepresentación femenina en la base, infrarrepresentación en la cúpula. Izura concede que el giro puede llegar solo, por relevo generacional, porque los puestos directivos se conquistan con años. La objeción evidente es que ese argumento lleva décadas funcionando como promesa y el
72% de jefes de servicio sigue siendo masculino. La feminización avanza en el aula y en la consulta; en el despacho de dirección, a otro ritmo.
La brecha entre la sanidad pública y la privada
Los números cambian según quién paga la nómina. En la sanidad pública la proporción se estima en un
70% de mujeres y un 30% de hombres; en la privada se invierte hasta un 55% de hombres frente a un 45% de mujeres. Hay quien lee en ese diferencial un efecto de las listas de espera: la pública se satura, la privada crece y absorbe perfiles distintos. Es una hipótesis, no un dato del informe, pero encaja con la queja de fondo.
El malestar que no se mide en porcentajes
Bajo la estadística corre otra conversación, más áspera y menos presentable. Una parte del personal sanitario y de los pacientes sostiene que la calidad asistencial se ha degradado, que se aplican protocolos sin criterio clínico y que los retrasos diagnósticos aumentan. Los testimonios son concretos: un desgarro de retina cosido por un residente que luego fue apartado de la consulta por su jefa; un cambio de médico de cabecera denegado hasta cumplir tres visitas; diagnósticos de estrés que acabaron siendo diabetes tipo 2. Son casos sueltos, no una muestra, y así deben leerse. Pero el volumen de queja tiene un patrón.
Hay quien atribuye el fenómeno a un sesgo de género en las notas de bachillerato: se sostiene que el sistema premia la docilidad y la memorización, y que eso favorece a las alumnas en la nota de corte. Un estudio autonómico citado en la conversación apuntaba a una brecha entre la nota de bachillerato y la de selectividad según el sexo, no según la titularidad del centro. La conclusión que se extrae es incómoda y no está demostrada: si el filtro de entrada mide obediencia más que criterio, el problema no es quién entra, sino qué se premia para entrar.
La IA como amenaza y como coartada
La irrupción de los modelos de lenguaje aparece en la conversación como salida individual. Varios relatos describen consultas en las que el paciente contrasta el diagnóstico con una IA y obtiene una segunda opinión más tranquilizadora. No es evidencia clínica, es anécdota, y tratarla como diagnóstico alternativo sería un error. Pero revela una pérdida de confianza que ninguna estadística de colegiación recoge.
El punto exacto donde el análisis se atasca es este: los datos certifican que la profesión ha cambiado de manos. Lo que no certifican es que el sistema haya cambiado con ella. Conciliación sin sustitución es sobrecarga. Dirección sin relevo es techo. Y una queja difusa sobre la calidad asistencial, sin serie estadística que la respalde, se queda en eso: en queja.
Faltan números donde solo hay testimonios.
Datos clave
- 163.581 médicas en activo, 51.199 más que médicos varones (59% del total)
- 71% de estudiantes de Medicina son mujeres
- 64% de los puestos de responsabilidad y 72% de las jefaturas de servicio, en manos de hombres
- 69.000 médicos se jubilarán en los próximos diez años
- En la pública, 70% mujeres y 30% hombres; en la privada, 55% hombres y 45% mujeres