Forata pasó del 5% al 100% en seis horas y los avisos llegaron tarde
El 29 de octubre, la presa de Forata contuvo la crecida del río Magro y pasó del
5% al 100% de su capacidad en apenas seis horas. El embalse llegó a estar en peligro: según los datos que se manejan, solo podía soltar la mitad del agua que le estaba entrando. A las 18:43, el cuarto correo de la Confederación Hidrográfica del Júcar cifraba el caudal en
1.686 metros cúbicos por segundo. Para entonces, el caudalímetro de la rambla del Poyo llevaba más de una hora sin dar datos. El hilo arrancó con un límite autoimpuesto: solo noticias relacionadas con la presa, sin desvíos.
De 5 a 100% en seis horas: cuánta agua entró en Forata
En el hilo se repite una cifra:
20 hectómetros cúbicos en menos de tres horas, según un cálculo que circula. Hay quien sostiene que ninguna infraestructura frena una lluvia así. «Es que lo que ha caído no lo frena ninguna presa», resume una postura que se repite: la precipitación registrada en la cabecera del Magro tuvo proporciones que no admiten comparación con episodios anteriores.
En contra pesa el argumento contrario. Si un embalse se ve rebosado y en riesgo de rotura, alega otra corriente, es que arrastraba problemas estructurales previos que nadie había puesto sobre la mesa. Una presa no se hunde por un desagüe masivo salvo que tenga algo mal de antes. Nadie ha confirmado esa hipótesis, y ahí sigue.
La rambla del Poyo no desemboca en el Magro
Aquí el análisis se vuelve técnico y desmonta buena parte del relato. El agua que arrasó Paiporta y Catarroja bajó por la
rambla del Poyo, mientras que la presa de Forata está en el
río Magro, que desemboca mucho más al sur, en la zona de Algemesí. Son cuencas distintas y produjeron inundaciones distintas, aunque ambas con víctimas. Sumar una al caudal de la otra es un error de bulto que circula con insistencia.
No todos lo ven así. Se apunta al barranco de la Hoz, a la misma altura que la corona de la presa de Buseo, o al barranco de la Moneda, en la cuenca del Turia, como posibles vías de desvío hacia el Poyo. Y se pide mirar también Buseo y Loriguilla, las dos últimas presas que dan al Turia. El mapa completo de cuencas y conexiones es más farragoso de lo que parece, y no está cerrado.
El robot que manda los avisos
El sistema de alertas es automático. Cuando se superan determinados niveles, un programa envía un aviso por ondas de radio a un listado de destinatarios. La tarde del 29 de octubre, el caudalímetro de la rambla del Poyo
falló durante una hora, precisamente cuando más llovía: de 17:28 a 18:29 no hay datos. Según se sostiene en el hilo, los avisos salieron tarde y mal, y las alarmas no se dispararon hasta las 18:43.
De ahí sale la pregunta que planea sobre todo lo demás:
¿a quién le llegaban esos mensajes automáticos cada cinco minutos, y qué hizo con ellos? Para quienes defienden esta tesis, el sistema existía y el eslabón que falló no fue el sensor, sino la cadena humana que debía reaccionar. Según se sostiene en el hilo, antes de que se instalara la alerta automática había gente vigilando los barrancos a pie, y cuando llegó el robot dejaron de hacerlo.
Del CECOPI a la investigación judicial: a quién señala la jueza
El frente judicial ha movido el foco. La jueza que investiga la DANA emitió un auto en el que señala la
«gravísima inactividad» de la Generalitat durante las horas clave, describiendo al Cecopi como un órgano que permaneció «en una burbuja y aislados del mundo». El auto inicial se centraba en la Generalitat, y desde el hilo se interpreta que dejaba fuera de la ecuación a la Administración central.
La Fiscalía ha pedido después ampliar el foco e investigar a la
delegada del Gobierno, la Confederación Hidrográfica del Júcar y la AEMET. En el hilo se repite un argumento: la presidencia del Cecopi correspondería a la delegada del Gobierno, y si no fuera así estaríamos ante un CECOP, no un CECOPI. Para una parte del análisis, que se convocara el primero y no el segundo deja al Gobierno central dentro del asunto, por acción o por omisión.
La otra pata es la declaración de emergencia nacional. La Ley del Sistema Nacional de Protección Civil atribuye esa potestad al
Ministerio del Interior, por iniciativa propia o a instancia de las comunidades o los delegados del Gobierno. De ahí que se subraye la contradicción de un presidente del Gobierno diciendo, días después, que «si necesitan ayuda que la pidan», cuando por ley debía haberla prestado desde el primer momento.
Lo que sigue sin confirmarse
Queda un cabo suelto, y es el importante. Nadie ha demostrado con imágenes que el agua rebosara la
corona de Forata. Los vídeos que circulan muestran erosión, farolas en pie y fechas discutidas. Que la presa se rompiera, que vertiera por coronación o que aguantara soltando por compuertas son tres escenarios compatibles con las cifras, y ninguno está cerrado.
Circulan además atribuciones a la manipulación artificial del clima y a tornados que levantaban camiones, afirmaciones que no cuentan con ningún respaldo y que conviene dejar donde están. Mientras se aclara, la instrucción avanza. Para una parte del análisis, los datos apuntan a una mezcla de lluvia extrema, infraestructura al límite y una cadena de avisos que se rompió en el peor momento. El punto exacto donde el análisis se atasca es ese: si Forata avisó y nadie escuchó, o si el sistema nunca llegó a avisar de verdad.