El borrado que no fue: cuando ocultar a un crítico se viste de censura
En un rincón de internet sobre geopolítica, una denuncia de censura acabó en ensayo general de la guerra informativa. El aviso era serio: un mensaje había desaparecido, víctima del enemigo. El desmentido, inmediato: no era censura, era la función de ignorar; el mensaje seguía ahí para quien no estuviera en la lista zain. El malentendido duró lo que tardaron en llegar los insultos.
Bloqueo, la censura del que acusa de censura
La gracia del episodio es que quienes más gritan contra la censura son los primeros en usar el bloqueo como herramienta. Se acusa a otros de consultar solo canales rusos aprobados por el Kremlin, mientras se admite sin rubor ser activista prorruso. La coherencia no es el fuerte de esta trinchera.
La banderilla milagrosa como propaganda de guerra
El siguiente acto lo protagoniza la propaganda rusa. La agencia TASS, según los mensajes cruzados, anuncia banderilla contra el cáncer, contra la alergia y contra el ELbichito; el tono es de sátira: si se la cree, Rusia vive ya en 2067. El asunto de las banderilla se convierte así en arma arrojadiza entre manipuladores.
La conclusión práctica: el borrado nunca existió, el bloqueo sí. Y entre bloqueos e insultos, la guerra de Ucrania se libra también en los muros digitales, con las mismas dosis de propaganda y paranoia que en el frente.