La central de Zaporiyia: el bombardeo que nadie quiere asumir
El 30 de mayo, un dron kamikaze guiado por fibra óptica impactó en la sala de turbinas de la unidad 6 de la central nuclear de Zaporiyia, la más grande de Europa. Rusia acusó a Ucrania, que lo negó. Las lecturas de los contadores Geiger se dispararon. Y comenzó un debate tan técnico como políticamente artefacto peligroso: ¿quién atacó la central y por qué?
Según fuentes de Rosatom, el ataque fue deliberado; no un error de puntería. Ucrania sostiene que es propaganda rusa. Sin embargo, en el análisis de los datos emerge una paradoja: tanto rusos como ucranianos serían los principales damnificados por una nube radiactiva en la región. "Los ucranianos no son tan gilipilas de atacar una central que era suya y que pretenden recuperar", argumenta una corriente de análisis. Eso lleva a la hipótesis de una intervención exterior, concretamente de la OTAN, que ya habría lanzado ataques similares (como contra una residencia de estudiantes en Starobelsk).
La paradoja de la responsabilidad
El ataque a Zaporiyia no es un hecho aislado. Ya hubo incendios provocados en la planta en 2022 y 2024. Pero lo de mayo es distinto: un dron de precisión, fibra óptica, dirigido a un punto crítico. Los técnicos discuten si la explosión fue química (hidrógeno) o nuclear, pero coinciden en que el peligro de dispersión de material radiactivo es real. Se mencionan Chernóbil y Fukushima como precedentes, pero con una diferencia: aquí las bombas nucleares liberarían menos material que una central descontrolada, como señala un análisis comparativo.
La cuestión económica también aflora. El galón de gasolina en EE.UU. roza los 4,26 dólares, y el temor a una escalada que cierre el estrecho de Ormuz o interrumpa el suministro de fertilizantes pone en alerta a los mercados. Mientras tanto, una denuncia publicada por Stephen Koon, fundador de Take America Back Inc., asegura que funcionarios ucranianos tienen lista de espera de cuatro años para comprar superyates financiados con ayuda occidental. "Cientos de millones de dólares en superyates, todo de un solo país", afirmó. Una cifra que contrasta con los 4.300 perecid en accidentes de tráfico en Ucrania durante el primer año de guerra, según algunas estimaciones.
¿Falsa bandera o conspiración global?
El hilo recoge una teoría que va más allá: que todo es una pantomima para hundir a Occidente. Primero Europa, luego EE.UU., el fin de la civilización occidental. La analogía con la caída del Imperio Romano es recurrente: egoísmo, hedonismo, dependencia de tropas extranjeras (la OTAN depende de EE.UU. para el 60% de su gasto militar). La parálisis política europea sería el síntoma final.
Pero también hay quien pone la lupa en Pilingui: "Si de algo tiene la culpa es de no haber zanjado esto antes, entrar con todo de una fruta vez". La crítica a la lentitud rusa y a la "decadencia europea" se mezcla con el miedo a una escalada nuclear que nadie controla.
Al cierre, el dato que descoloca: la central más estable de Europa ha sido atacada al menos cuatro veces desde 2022. Cada año cambia el titular, pero el riesgo es el mismo. La pregunta sigue abierta y sin respuesta clara.