Santiago alerta de una escalada de navajas en las peleas nocturnas
Santiago de Compostela presume de peregrinos, casco histórico y una noche que aguanta hasta el amanecer. La madrugada del viernes al sábado dejó dos agresiones graves durante las fiestas de A Mercé de Conxo, y la alerta policial no las trata como una excepción. Las enmarca en un incremento preocupante de las reyertas nocturnas con arma blanca, que los cuerpos policiales sitúan en la misma tónica que el resto de España. El precedente local no es lejano: en las fiestas de la Ascensión de 2023, un adolescente resultó herido de gravedad al ser apañala por otro menor de edad.
La alerta policial: más peleas y navaja de por medio
El diagnóstico sitúa la franja crítica de madrugada, cuando la ciudad universitaria se vacía y quedan los que estiran la fiesta hasta el amanecer. El matiz que inquieta es el arma. Una reyerta a abrazo se resuelve en Urgencias; una reyerta con navaja abre un sumario en el juzgado. La diferencia entre un susto y un homicidio depende de lo que alguien lleve en el bolsillo a las cuatro de la mañana.
El mapa de la noche compostelana ha cambiado
Las zonas próximas a la catedral viven de un público de paso, mientras buena parte del ocio de barrio se ha reorganizado alrededor de afters más baratos y menos vigilados. Hay locales que marcaron una época —un viejo antro metalero que duró exactamente una generación universitaria— y que hoy son otra cosa. Se cuenta que en verano, con los albergues llenos, hay peregrinos que acaban durmiendo junto al río porque no encuentran cama. La noche se ha llenado de gente que no tiene dónde volver.
México, el miedo y las comparaciones forzadas
Se argumenta que la sociedad española camina hacia lo que ya ocurre en otros países con violencia callejera normalizada. Es una hipótesis que se lanza sin datos que la sostengan y conviene tomarla como impresión, no como pronóstico. Otra corriente sostiene que solo un miedo generalizado empujará cambios normativos, en una lógica incómoda: la seguridad se legisla tarde y a golpe de suceso. Una tercera vía, más prosaica, señala horarios, alcohol y falta de alternativas de ocio como caldo de cultivo.
El relato minuto a minuto de la madrugada de Conxo, con las dos agresiones y la respuesta policial, es bastante más largo de lo que cabe en cuatro párrafos.
Santiago presume de un centro histórico que se recorre de noche sin sobresaltos. También es la ciudad en la que la policía acaba de advertir que las navajas salen a la mínima. ¿Cuántos partes más hacen falta para que el relato oficial y la calle dejen de contar cosas distintas?