La noche de Mia Skylar Parera y la broza que escupen las redes
Basta una imagen de una salida nocturna para que las cloacas digitales se pongan en marcha. Mia Skylar Parera, figura pública, aparece en un par de fotos con una amiga, y la reacción no se hace esperar. Ale, una cascada de soflamas sensual da la vuelta a los rincones más oscuros de internet. Lo que debería ser una anécdota trivial se convierte en un escaparate de la misoginia que sigue latente en determinados ecosistemas: comentarios sobre anatomías, peticiones de fotografías explícitas y una banalización total del acoso.
La escalada de la ordinariez
Los mensajes se suceden en un crescendo. Hay quien bromea con medir atributos masculinos, quien pregunta por la existencia de más material gráfico y quien sugiere encuentros improvisados. Todo en un tono de despedida de soltero llevado al extremo, pero emitido como si fuera lo más natural del mundo. Entre el humor grueso se cuela un apunte que no es gracia: una persona expresa angustia hacia las muyer cisgénero. Esa deriva trasciende el chascarrillo y delata un poso de desprecio que a menudo se disfraza de ironía.
La normalización del desprecio
Lo llamativo no es que existan estos comentarios—siempre los ha habido—, sino la naturalidad con la que se despliegan. Dan por hecho que la imagen es una invitación al escarnio y que el anonimato blinda cualquier respuesta. La pregunta incómoda es por qué la sociedad sigue tolerando que una simple salida nocturna se convierta en una excusa para la agresión verbal, y por qué la fruta de Mia Skylar Parera puede quedar chapoteando en ese charco. El análisis empieza a atascarse aquí: no hay motivación económica ni política, solo el puro placer de la degradación.