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Ejemplo de misa dominical del…
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Una misa dominical del Tiempo Ordinario se ordena en dos bloques —la Liturgia de la Palabra y la Liturgia de la Eucaristía— y suma 24 momentos, del canto de entrada al rito de conclusión. Los domingos incluyen dos lecturas y el Credo; el Gloria solo se omite en Adviento y Cuaresma.
Una misa dominical del Tiempo Ordinario se ordena en dos mitades —la Liturgia de la Palabra y la Liturgia de la Eucaristía— y, contada paso a paso, suma 24 momentos, del canto de entrada al rito de conclusión. Ese orden no es un invento de sacristía: es el que describe el Misal Romano, el libro que recoge los textos y las rúbricas de la celebración.
Los primeros tramos son de entrada. El canto abre la celebración; después vienen el saludo, el acto penitencial, el Gloria y la oración colecta. La segunda parte del bloque inicial es la escucha: primera lectura, salmo responsorial, segunda lectura, aclamación y Evangelio.
Con el Evangelio se llega al centro de esa primera mitad. La homilía lo comenta, la profesión de fe lo confiesa en voz alta y la oración de los fieles recoge las peticiones de la comunidad antes de pasar al altar.
La misa dominical tiene dos lecturas antes del Evangelio, algo que no ocurre en las misas de diario, donde solo hay una. La primera se toma del Antiguo Testamento y la segunda, de las cartas de los apóstoles o del Apocalipsis. El salmo responsorial se canta entre ambas.
El Gloria suena los domingos fuera de Adviento y Cuaresma; en esos dos tiempos se omite. El Credo, en cambio, se reza los domingos y las solemnidades. Son dos piezas fijas del domingo que la gente identifica al instante, aunque pocas veces repare en que su presencia depende del calendario.
Terminada la oración de los fieles, empieza la Liturgia de la Eucaristía. Se preparan las ofrendas, se reza la oración sobre las ofrendas y arranca el prefacio, que desemboca en la plegaria eucarística. Dentro de ella se sitúa el relato de la institución y la aclamación de la asamblea.
Después vienen el Padre Nuestro, el rito de la paz y el Agnus Dei, el Cordero de Dios que se canta antes de comulgar. La comunión y su canto cierran esa parte, seguidas de la oración poscomunión. El rito de conclusión —bendición y envío— es el punto final de la lista.
El Tiempo Ordinario no es un tiempo menor ni un hueco entre fiestas. Se reparte en dos tramos, uno después de Navidad y otro después de Pentecostés, y engloba la mayor parte de los domingos del año. Su color litúrgico es el verde, frente al morado de Adviento y Cuaresma o al blanco de Navidad y Pascua.
La reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II (1962-1965) fijó este esquema en el Misal promulgado por Pablo VI en 1970.
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