Rego abre la puerta a prohibir X para toda la población
La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, ha defendido «limitar y seguramente prohibir» el uso de la red social X, no solo entre los jóvenes, sino para el conjunto de la población. Lo dijo en un acto sobre activismo digital en la sede de Catalunya En Comú, donde calificó el espacio digital actual de «antidemocrático» porque, a su juicio, lo controlan «unos pocos caudillos digitales». Sus palabras llegan después de que Pedro Sánchez anunciara que España prohibirá el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años y endurecerá el control sobre las plataformas, con responsabilidad para sus directivos. La respuesta de Elon Musk al anuncio fue llamar a Sánchez «tirano» y «traidor al pueblo español».
De prohibir el móvil a los 16 a prohibir X a todos
El salto de escala es lo que ha encendido el avispero. Una cosa es fijar una edad mínima para abrirse una cuenta y otra muy distinta es plantear el cierre de una plataforma con cientos de millones de usuarios. Rego lo formuló como «la siguiente batalla», lo que en lenguaje político significa que hay una hoja de ruta y no una ocurrencia de sobremesa.
El argumento oficial es la protección de derechos fundamentales frente a lo que la ministra describe como «flagrantes vulneraciones». El problema es que la propia Constitución protege la libertad de expresión, y ahí es donde el plan empieza a hacer aguas. Insultar al presidente del Gobierno no vulnera ningún derecho fundamental; coartar la libertad de expresión sí. La distinción no es menor: convierte una medida de protección en un problema jurídico de primer orden.
¿Es X más libre que el resto de redes sociales?
Aquí el consenso del público que sigue el asunto se rompe en dos bloques muy marcados. Un bloque sostiene que, entre las plataformas grandes, X es hoy la más permisiva con la disidencia: en YouTube basta un aviso para perder el canal, Facebook filtra las opiniones incómodas, Instagram y TikTok son escaparate de vanidad y Reddit vive en su propia burbuja. Desde esa lectura, la compra por parte de Musk amplió el margen de expresión, aunque el resultado sea un vertedero.
El otro bloque no discute la amplitud, discute la naturaleza. La libertad de expresión se ha ampliado, pero la gente ya no debate: se insulta. El ambiente, dicen, es el de un estercolero, y el instrumento ha dejado de ser neutral para convertirse en herramienta de campañas políticas y de guerra híbrida. No es una plataforma de comunicación, es una agencia de desinformación en manos muy concretas. Y ese diagnóstico, curiosamente, lo comparten quienes defienden prohibirla y quienes la defienden a capa y espada.
El precedente que nadie quiere mirar: China y Corea del Norte
La comparación más repetida en el debate no es técnica, es histórica. Prohibir una red social de alcance global sitúa a España, según esta lectura, en la órbita de los regímenes que censuran internet de forma sistemática. Hay quien va más allá y sostiene que el objetivo real no es proteger a nadie, sino llegar a un escenario electoral con los medios de comunicación y las redes bajo control.
Frente a eso, el contraargumento es que la Unión Europea ya tiene instrumentos para regular sin prohibir, y que la vía correcta es la sanción económica y la exigencia de responsabilidad a los directivos, no el cierre. La propia Comisión ha ido por ahí. Prohibir es más rápido, más barato y mucho más vendible en un mitin.
La trampa técnica: prohibir X no la hace desaparecer
Cualquiera que haya usado una VPN lo sabe: capar una web en un territorio es un ejercicio de ilusión óptica. La red seguiría accesible desde el móvil de cualquiera con dos dedos de frente tecnológico, y el vacío lo ocuparían plataformas nuevas, probablemente peor moderadas. La medida afectaría, sobre todo, a quien no sabe saltarse el bloqueo.
Y hay un detalle que se cuela en la conversación y que conviene no perder de vista: mientras se discute cerrar X, TikTok, con sus propios problemas de adicción y contenido, no aparece en el punto de mira. La asimetría tiene explicación, pero no la que se da en público.
Qué hay detrás del anuncio
El calendario importa. El anuncio de Sánchez sobre los menores de 16 años y el endurecimiento del control de plataformas no llega en un vacío político, y la ministra lo ha ampliado en un acto de partido. Eso permite leer la propuesta como una pieza más de una estrategia de confrontación con el ecosistema tecnológico y con su propietario, que responde a cada golpe con otro golpe desde su propia cuenta.
La pregunta no es si X es un sitio agradable. No lo es. La pregunta es si el Estado debe decidir qué sitios son lo bastante agradables para que usted entre. Con estos mimbres, el cesto se parece cada vez más a un cesto que se teje solo.