Presumir de ‘curiosidad’ tras el fracaso de PISA: el discurso de la ministra
Tras los malos resultados de PISA, la ministra de Educación Milagros Tolon ha defendido que el alumnado puntúa bien en áreas como la “curiosidad por aprender”, el “sentido de pertenencia al centro” o la “capacidad de perseverancia”. La afirmación ha provocado una reacción crítica: con los conocimientos básicos en caída libre, el Gobierno parecería más interesado en destacar cualidades emocionales que en enseñar.
El giro emocional como cortina de humo
La estrategia puede leerse como un intento de desviar la atención. El dato central es que los resultados en lectura, matemáticas y ciencias siguen siendo malos. Frente a ello, la ministra resalta dimensiones menos medibles, pero que en su relato pasarían a ser el “core” del sistema educativo. Hay quien ve en esta operación una voluntad deliberada: para el Estado sería ideal una población “lo más intelectualmente débil posible y con el mayor sentido de rebaño que se pueda conseguir”. La cita resume un análisis que circula con fuerza: formar individuos autónomos y con pensamiento crítico es un peligro para el orden establecido.
¿Volver al catedrático de instituto?
La reacción también vuelve a un debate clásico: la pedagogía frente al conocimiento. En su día, los catedráticos de instituto eran considerados una élite intelectual, capaces de explicar física cuántica con la misma soltura que geografía. Una anécdota ilustra la diferencia: un profesor de Historia respondía a la pregunta de cómo sabía la aceleración de Coriolis con un “por geografía”. El contraste con la actual “pedagogía de lo social” es evidente para muchos críticos, que reclaman la vuelta del saber disciplinar frente a las competencias blandas.
La contradicción queda sobre la mesa: si la educación forma en “pertenencia” y “perseverancia” sin conseguir que el alumnado entienda un texto, el futuro se las verá con adultos que se sienten integrados pero no saben calcular un descuento. El ministerio, mientras, insiste en su discurso.