La milla de oro valenciana ya no encuentra comercios
En plena milla de oro de Valencia, los escaparates vacíos se han convertido en el paisaje dominante. No falta demanda, sino precios: el alquiler de los bajos alcanza niveles que solo pueden sostener las grandes firmas de lujo con márgenes abultados o, según algunas lecturas, negocios con otras fuentes de ingresos. La consecuencia es que los inversores inmobiliarios ya dan el segmento por perdido.
El caso del taller mecánico en Monteolivete lo resume: tres plazas de garaje, alquiler superior a 1.000 euros, negocio inviable. Los barrios son una sucesión de bajos vacíos, en alquiler o venta, mientras las viviendas turísticas ocupan los que se van dejando.
Rentas de Mónaco con comercios de barrio
Los motivos son variados, pero la combinación es letal. Internet ha vaciado el comercio tradicional, las grandes superficies han absorbido la demanda y, encima, las rentas no bajan. En provincias como Jaén hay pasajes enteros cerrados desde hace una década; se pide un precio que no resiste ningún análisis de viabilidad. Comerciantes jubilados de la zona explican que el comercio de proximidad ha desaparecido, mientras los propietarios prefieren mantener el local cerrado antes que aceptar una renta menor.
La reconversión en vivienda, un nuevo frente
Ante esa realidad, la moda es convertir los bajos en viviendas, a menudo sin permiso de la comunidad. Esa práctica, denunciada como estafa al comprador, ya está generando pleitos en los juzgados. Mientras, Madrid juega en otra liga: la peatonalización del centro, contra los augurios, ha llenado de heladerías, bares y zapaterías las calles. El comercio de proximidad resiste cuando hay turismo y poder adquisitivo que lo sostiene.
La paradoja final: hay locales que llevan diez años cerrados y el precio sigue intacto. Alguien debería explicarles a los propietarios que el mercado no funciona así. O quizá, como se insinúa, no sea el mercado el que manda.