Muchos me recordáis a los que aplaudían la ley mordaza y no eran capaces de ver lo que luego pasó con el bicho o las protestas en Ferraz: que la usaron contra ellos. O los que aplauden que se prohíba fumar en un negocio privado pero luego entran en cólera cuando no les dejan entrar en la ciudad con su coche cuando es una consecuencia lógica (y mucho más) de lo primero.
Y no hablo de impunidad y que el que la haga no lo pague, pero no me fío de quien ostenta el poder (o la porra). Recordad como en la esa época en el 2020 de la que yo le hablo los policías se inventaban la desobediencia sólo por salir a casa o como el comisario Alberto Carba gaseaba hasta los viejos.
Estáis cayendo en la trampa: no se le puede dar más poder al estado cuando es precisamente la hipertrofia de éste lo que ha provocado las protestas al estar en decadencia y no poder traer el paraíso prometido, y claro, en estados con grandes masas de personas subvencionadas, luego se te rebotan, sobre todo alguien que lleva 15 años sin doblar el lomo y se levanta con el Cus-cus en la mesa puesto.
Al dueño de la tienda de cómics le hacía falta una escopeta, no la promesa de un estado de bienestar que lleva años siendo tirado por burros que comen pasto prestado, pasto de un prado que está seco porque han ido de otros pastos a aprovechar ese abundante.