La mayoría de autodiagnosticados con intolerancia al gluten no la tienen realmente
Un estudio reciente publicado en ScienceDirect por el que se administraron barritas con y sin gluten a ciegas a personas que aseguraban mejoría con la dieta sin gluten no encontró diferencias significativas en sus síntomas. La conclusión es clara: buena parte de la sensibilidad al gluten no celíaca podría ser un efecto placebo o estar mal atribuida.
El dato que tumba el relato: el estudio a doble ciego
Los investigadores reclutaron a un grupo de personas con síndrome del intestino irritable que afirmaban sentirse mejor al eliminar el gluten. Les dieron barritas idénticas, unas con gluten y otras sin, sin que ellos supieran cuál era cuál. El resultado: no hubo diferencias estadísticamente significativas en la sintomatología entre ambos grupos. Es decir, el gluten no era el culpable de sus molestias.
Argumentos históricos y anecdóticos contra la moda antigluten
Se ha señalado que en Europa se han consumido harinas de cereales durante al menos 90-100 generaciones. Si la intolerancia fuese tan frecuente como se pregona, la selección natural habría eliminado a los sensibles hace siglos. Además, casos como el de un anciano que llegó a los 99 años desayunando y cenando bollos de Pascua (mona) mojados en leche, sin ningún problema, ilustran que las harinas no son el enemigo que algunos pintan.
Alternativas reales a la culpa del gluten
Las molestias digestivas pueden tener muchas causas: estrés, histamina, cambios en la calidad de las harinas modernas o simplemente una mala combinación de alimentos. Atribuirlas siempre al gluten es un atajo cómodo pero a menudo erróneo. Quien insiste en el autodiagnóstico sin pruebas médicas probablemente busca atención o una excusa para evitar ciertos alimentos, pero los datos indican que el problema no está en el gluten.
El auge de las dietas sin gluten ha creado un negocio multimillonario que se alimenta de esta narrativa. Mientras, quienes realmente padecen enfermedad celíaca (una patología autoinmune confirmada) ven cómo se trivializa su condición. La evidencia actual sugiere que, salvo para celíacos diagnosticados, el gluten no es el demonio que nos quieren vender.