El Orgullo londinense enciende el debate sobre la decadencia de Occidente
¿Provocación deliberada o simple desfile reivindicativo? La marcha del Orgullo de Londres ha vuelto a poner sobre la mesa una guerra cultural que nadie ha sabido neutralizar. Mientras unos ven una celebración de la diversidad, otros despachan el evento con calificativos como “depravación” o “decadencia” y denuncian un “circo” orquestado desde las élites.
Un desfile con mensaje político
Las imágenes que han circulado estos días muestran una manifestación con una fuerte carga política: banderas palestinas, activistas de colectivos LGTBI y presencia de personas trans. Que el Orgullo incorpore reivindicaciones que van más allá de la orientación sexual no es nuevo, pero la virulencia de la respuesta sí llama la atención. Hay quien sostiene que el desfile se ha convertido en un espectáculo vacío, útil para desviar la mirada de problemas más incómodos. En el mismo saco ha caído una imagen de una activista en Berlín que, según las redes, habría deseado que el último atentado fuera obra de un hombre blanco cristiano. Imposible verificar, pero representa el tono del momento.
La réplica de la moderación
No todo es rechazo frontal. También hay voces que recuerdan que la libertad de expresión protege tanto al manifestante como al crítico, y que equiparar la marcha con “depravación satánica” dice más de quien lo afirma que del propio desfile. «Quienes hablan de Dios y de Satán no tienen mejor noción del mundo real que aquellos a quienes critican», resume una intervención que circula en el debate.
Al final, el Orgullo londinense funciona como un espejo: cada cual ve en él sus obsesiones. Unos ven diversidad; otros, decadencia. Lo único seguro es que el espectáculo está servido y que la próxima edición ya tiene garantizado el titular.