El salario real de los menores de 24 años se queda en 1.100 euros
España se ha quedado sin futuro joven, y no es una impresión de barra de bar: es una serie estadística. El salario medio real de los menores de 24 años se sitúa en
1.100 euros al mes y ese grupo es el único que no ha recuperado el nivel previo a la crisis de 2008. La precariedad laboral que arrastran cuesta al país casi el
2,3% del PIB. No es una anécdota con mala suerte. Es el precio de un modelo.
¿Cuánta renta per cápita ha perdido España desde 2007?
Ninguna, o casi ninguna. El PIB per cápita en términos reales sigue por debajo del nivel que tenía en 2007, de modo que el llamado cuarto de siglo de estancamiento se compone de falsos arranques sucesivos:
la crisis Covid solo agudizó una tendencia que ya venía de antes. En paralelo, España vuelve a duplicar el paro de la Unión Europea y el desempleo entre licenciados casi duplica la media europea, un desfase que el Banco de España atribuye a la menor calidad del sistema educativo. La caída generacional de salarios afecta más a los trabajadores mejor formados.
La fábrica de titulados que no encuentra comprador
La sobreoferta tiene nombre:
titulitis. Como sostiene un participante en el debate, se forman ingenieros por encima de las necesidades del mercado y el trabajo del ingeniero se devalúa por simple exceso de candidatos, mientras cuesta encontrar gente con oficio y ganas de trabajar con las manos, porque esos empleos siguen pagándose con cacahuetes. Los datos que se citan apuntan en la misma dirección: un informe de la OCDE mencionado en el hilo sitúa el valor de un título universitario español por debajo del que tiene la ESO en Países Bajos o Japón, y la universidad española aparece retratada entre la endogamia interna y el exilio de sus investigadores. Las cifras que se manejan son difíciles de defender: menos de dos horas semanales de jornada lectiva entre los catedráticos de una universidad pública.
Con 190.000 parados en el sector, el Gobierno busca trabajadores fuera
La escena es difícil de digerir: el Ejecutivo convoca a los sindicatos para discutir la llegada de mano de obra extranjera mientras el sector acumula
190.000 parados. Al mismo tiempo se anuncian hasta 250.000 puestos de trabajo y una regularización de 900.000 personas con empleo «adecuado a su perfil profesional». Hay quien sostiene que esos anuncios operan como efecto llamada y que las vacantes se publican de forma que no resulten cubribles desde dentro; en el lado contrario se argumenta que determinados sectores no encuentran perfiles locales disponibles. Los dos diagnósticos compiten por el mismo titular: España duplica el paro de la UE mientras ofrece empleo fuera.
El relato del voto: socialismo, boomers y Argentina
Una parte del análisis carga la responsabilidad sobre dos generaciones que votaron mayoritariamente opciones socialdemócratas y sobre unos «gobiernos ninis» que, según la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, convirtieron el paro juvenil en estructural de forma deliberada. El espejo argentino se usa como advertencia recurrente, y la respuesta habitual es la misma: el que votó esto, que lo pague. El contraargumento no es menos duro: la inestabilidad laboral acumula ya cuatro décadas, desde la reconversión industrial de los ochenta y la llegada de las ETT y los contratos temporales, no es un invento reciente. Mientras se discute de quién es la culpa, hay quien apunta que sobran viviendas y que los millennials esperan heredarlas.
Emigrar, emprender o quedarse en el limbo de la FP
Hay una pregunta que sobrevuela todo:
¿qué impide a los jóvenes emigrar a Dinamarca? Nadie la responde con entusiasmo. Las experiencias personales que se cuentan dibujan una misma trampa: el que quiso emprender de joven recibió tal presión del entorno para que buscara un puesto fijo donde atecharse que acabó renunciando, y los técnicos de FP de electrónica de otra época quedaron en un limbo sin demanda. Sobre eso se superpone el gasto público: España es el quinto país de la UE que menos destina a educación, solo por delante de Bulgaria, Eslovaquia, Italia y Rumanía, y los presupuestos dedican uno de cada diez euros a sanidad y educación juntas. Hay comparaciones que se hacen solas, como el contraste entre los más de 6.300 euros mensuales por plaza de menor tutelado que se citan y la subida del 10% en las pensiones.
Con estos mimbres, lo razonable es esperar que la brecha salarial de los menores de 24 años no se cierre sola: cada año que pasa sin corregirla, la cohorte afectada envejece y deja de contar como joven antes de haber sido nunca otra cosa que precaria. Cabe equivocarse, claro. Pero llevamos veinte años acertando en el pronóstico.