El Gran Israel no cabe en sus 7 millones de habitantes
El sueño de un «Gran Israel» que abarque desde el Nilo hasta el Éufrates choca con un dato irreductible: la población judía en Israel apenas alcanza los 7 millones de personas, frente a los 48 millones de España –un país de extensión mucho menor. En todo el mundo hay unos 16 millones de judíos, la mayoría en Israel y Estados Unidos. Con esas cifras, ocupar y controlar un territorio que incluiría partes de Siria, Egipto, Turquía y Arabia Saudí es una quimera demográfica.
Pero el argumento no es solo numérico. Quienes defienden la viabilidad económica del proyecto apuntan a los recursos energéticos: los territorios reclamados concentrarían entre 150 y 200 millones de barriles de petróleo, además del control de rutas comerciales clave entre Asia y Europa. Con semejante riqueza, sostienen, una población reducida podría vivir a todo lujo sin trabajar.
El problema interno no es menor. La sociedad judía está dividida entre comunidades de origen oriental y europeo, con tensiones que dificultan cualquier expansión territorial. Los precedentes históricos tampoco acompañan: Israel ya devolvió el Sinaí a Egipto en 1982, un movimiento que contradice la lógica expansionista.
A medio plazo, el sueño del Gran Israel seguirá siendo eso: un sueño. Sin un crecimiento demográfico masivo –que no se vislumbra– y con una comunidad internacional que no aceptaría una anexión unilateral, el proyecto choca contra la realidad. La pregunta no es si es deseable, sino si es siquiera posible.