Inquisición vs sacrificios aztecas: los datos que no cuadran
Comparar la Inquisición española con los sacrificios humanos prehispánicos se ha convertido en un recurso habitual para restar hierro a ambas atrocidades. Pero cuando se ponen las cifras sobre la mesa, la balanza se inclina de forma tan brutal que la comparación pierde todo sentido.
El dato que nadie quiere mirar: 20.000 personas al año
Las estimaciones académicas sitúan los sacrificios aztecas en unas 20.000 personas anuales en todo el imperio. Solo en la inauguración del Templo Mayor de Tenochtitlán, en 1487, las crónicas y estudios arqueológicos calculan que se ejecutaron entre 10.000 y 80.400 víctimas en cuatro días. No era un ritual excepcional: era un sistema de terror de Estado perfectamente engrasado.
La Inquisición, un tribunal con números muy discretos
Frente a eso, los datos más exhaustivos sobre la Inquisición española —el estudio de Gustav Henningsen y Jaime Contreras (1993) con 44.674 juicios entre 1540 y 1700— arrojan solo 826 ejecuciones. El historiador William Monter eleva la cifra a 1.250 entre 1530 y 1730, una media de seis muertes al año. Y con un matiz clave: la Inquisición no tenía jurisdicción sobre los indígenas; su número de procesados nativos fue exactamente cero.
La comparación, por tanto, no es entre dos sistemas de violencia similares. Es entre una máquina de exterminio masivo y un tribunal religioso que, con todos sus horrores, operó con una contención que sus contemporáneos europeos —los 5.000 hugonotes masacrados en la Noche de San Bartolomé, por ejemplo— no mostraron.
¿Por qué sigue vigente el mito?
La respuesta probablemente tenga más que ver con la Leyenda Negra que con la realidad histórica. Proyectar en España la brutalidad de otros reinos europeos resulta más cómodo que asumir que el imperio mexica practicaba un genocidio ritual a escala industrial. O quizá, como apuntan algunos análisis, la persistencia del relato obedece a que reconocer la magnitud del sacrificio azteca obliga a replantear toda la narrativa sobre la conquista. Los datos están ahí. Lo que falta es voluntad de mirarlos.