El hilo deja la cara y se engancha a la lucha de clases
La foto ya no da para más y el hilo hace lo que suele hacer cuando se le acaba el chiste: cambiar de tema sin avisar. El hilo deja la cara y se engancha a la lucha de clases. Se pasa del susto al dinero, del parecido con Goya a un pulso de dos foreros sobre si la elegancia se tiene o se nace. La protagonista de la imagen desaparece del foco durante páginas enteras. Al final se habla de los que escriben, no de quien sale en la foto.
Qué se ha sabido
El único material nuevo que entra es visual. Se pegan
dos imágenes más —una miniatura y una segunda pieza de MSN— y sobre una de ellas alguien comenta que el conjunto está bien salvo la banda diagonal, que lo afea. Poco más. La segunda no genera hilo propio ni pregunta que quede colgando.
El otro aporte es un tuit,
, de @Juan de Dios, que se burla de la pose como si fueran gestos de rapero. Alguien lo pega, se comenta de pasada y el hilo lo deja correr.
Dos rectificaciones de parentesco. Un participante vuelve a corregir que la joven que sale junto a la infanta no es
Leonor sino
Irene, la hija de la infanta Cristina. Otro lo confirma a su manera y añade el nombre. La duda se cierra en dos mensajes seguidos y nadie la reabre.
Y una parrafada dinástica que se lleva ella sola media página. Un forero recuerda a
María Luisa de Borbón Parma, esposa de Carlos IV y nieta de Felipe V, para sostener que la nariz de la familia viene de lejos. Enlaza con
Ignacio de Borbón, concursante de La isla de las Tentaciones y descendiente del infante Francisco de Paula, del que dice que tiene la misma nariz, que es encantador y que ya podría fijarse en él cierta heredera. Cierra su teoría: los rasgos de los Borbones favorecen a los hombres y no a las mujeres.
El coro sigue con sus comparaciones: la cara de los Austrias, los reyes deformes de la dinastía, el retrato de difunto. Y entra una nueva, la del físico comparado con el de otro miembro de la familia, con la conclusión de que la otra está mejor. Hay también quien apunta, en tres palabras, que el físico es lo menos malo que tiene.
En lo personal, tres testimonios. Uno, que la vio de cerca y no le pareció nada elegante. Otro, que tiene
dos años menos que ella y a su lado parece un chaval. Y un tercero que pide respeto porque hay gente que envejece muy mal.
Una cifra más, pequeña: alguien escribe que
ya de joven parecía vieja. Es el resumen más corto del tramo.
Dónde está la bronca
El hilo se parte en tres frentes y solo uno tiene que ver con la foto.
El primero es un choque entre dos que dicen haber estado delante. Uno sostiene que quienes la conocen en persona coinciden:
planta y tipazo, aunque el resto no acompañe. El otro responde que él también la vio y que no era eso en absoluto, y pasa a descalificar a quien opina lo contrario. El primero le acusa de proyectar y de no haber leído lo que escribió antes de contestar. Se cierra con una frase que resume la tregua:
Marichalar fue su mejor estilista.
El segundo frente es el grande y no habla de la infanta. Dos foreros se enganchan a propósito de la elegancia. Uno defiende que admira la elegancia como cualidad, venga de donde venga, y que no le molestan los ricos sino quien culpa a los ricos de todo lo suyo. Se declara impresionado por quien sabe bailar o habla diez idiomas, se haya criado donde se haya criado. El otro contesta por la vía del origen: recuerda los trabajos de polígono, la ansiedad de llegar a fin de mes, y pregunta si eso no le hierve la sangre a nadie. Sostiene que quien nació con la posición no tiene mérito por ser alto y elegante, y pone de ejemplo a Amancio Ortega y a tres multinacionales para separar lo que es mérito de lo que es cuna. La respuesta es una estadística:
la mayoría de los ricos lo son por herencia. Entre medias se llaman lacayo y paleto el uno al otro, y uno pide calma porque dice que seguía al otro desde hace años.
El tercer frente es el más raro y no va de nadie concreto. Uno lanza la idea de mirarse en una foto y no en el espejo para saber cómo te ven los demás. El otro responde que las fotos engañan según cámara, luz y arreglo, y suelta su propia comparación: su hermana cumple
65, no se tiñe y parece más joven. La discusión sigue con el carné de conducir de por medio y se queda en tablas, sin foto y sin conclusión.
Qué cambia respecto a antes
Que la edad deja de ser un dato sobre ella y pasa a serlo sobre los que escriben. Hasta aquí se discutía cuántos años aparenta la infanta. Ahora dos foreros discuten cuántos aparentan ellos, y uno de ellos tiene dos años menos que la retratada. Ese giro es todo el tramo.
También cambia el eje del reproche. El coro de la fealdad se queda sin gas y llega una invectiva política de las de siempre, con descalificaciones hacia el rey y la reina, que nadie sigue ni contesta. Y entra la veta de la dinastía, que coloca la nariz de la familia por encima de cualquier debate sobre lo que cuesta la institución.
Lo que no cambia: nadie ha encontrado todavía un número que zanje nada. La única cifra nueva es la de los
dos años menos, y sirve para hablar de quien la escribe.