La Iglesia empuja la regularización de 500.000 migrantes
La Conferencia Episcopal Española acaba de mover ficha en el tablero migratorio. A propuesta de su presidente, Luis Argüello, ha pedido a los dos grandes partidos que se reúnan para impulsar la tramitación de una Iniciativa Legislativa Popular que regularice a medio millón de personas. La jugada, hecha pública en pleno debate sobre el Valle de los Caídos, no es solo pastoral: tiene un calado económico evidente.
Una propuesta que divide el país
La postura de la jerarquía católica ha chocado con una parte de la sociedad, que ve en este movimiento una línea de fractura con la realidad española. Hay quien sostiene que la Iglesia se ha desvinculado de los ciudadanos, apostando por una inmigración masiva que no todos desean. Otros argumentan que simplemente sigue las urnas, ya que los españoles han votado mayoritariamente políticas de acogida. La discusión se ha recrudecido con la llegada del nuevo Papa, León XIV, que ha sido recibido con gestos que algunos consideran un desafío, como el regalo de una tarjeta de residencia por parte de un migrante llegado en pandemia.
Finanzas, la otra cara del conflicto
Mientras tanto, la economía de la Iglesia no atraviesa su mejor momento. La edad media de los sacerdotes en España ronda entre los 65 y 74 años, según la diócesis, y la base social se reduce. A ello se suman informaciones sobre empresas fantasma españolas que habrían vaciado cuentas de Cáritas en Luxemburgo. Esta crisis interna no impide que la institución mantenga un discurso firme, pero muchos fieles descontentos ya han anunciado que dejarán de marcar la casilla solidaria en la declaración de la renta.
Violencia y contradicciones
El conflicto se enmarca en un contexto internacional tenso. En Francia, el Ministerio del Interior alerta de un repunte de ataques contra cristianos. En Siria, la UE ha olvidado la masacre de cristianos y regará con 2.500 millones un país plagado de yihadistas. Mientras, en la República Democrática del Congo, el Estado Islámico ha asesinado a 80 cristianos ante el silencio de Occidente. Y en España, dos magrebíes fueron detenidos por asfixiar hasta la muerte a un cura en Málaga. La Iglesia se mueve así en una contradicción: defender a los migrantes mientras sus fieles son atacados en varios puntos del planeta.
El análisis se detiene ahí. La jerarquía eclesiástica dice una cosa y una parte del país siente otra. La pregunta de fondo —si la Iglesia está defendiendo a sus fieles o una postura ideológica— queda abierta. Esa grieta no se cierra ni con datos ni con discursos.