La inteligencia artificial de Google te trata como una cafetera si se lo pides
La última moda en redes sociales es engañar a la inteligencia artificial de Google declarándose un animal, un objeto o cualquier cosa menos un humano. Y funciona. Un usuario le dijo a Gemini que era una cafetera y obtuvo una respuesta digna de un electrodoméstico con autoestima: "En lugar de dolor, vas a sentir el orgullo de ser la reina de la cocina". Otros probaron con animales, y la IA les dio consejos de supervivencia como si fueran gorriones o perros.
¿Adaptabilidad o ingenuidad?
Hay quien defiende que esta capacidad de la IA para adoptar cualquier rol es una virtud: se adapta al nivel del usuario, ya sea para tratar temas serios o para jugar. Pero también hay quien lo ve como un fallo de seguridad: la IA no discrimina entre un humano y un objeto, lo que abre la puerta a manipulaciones si alguien decide hacerse pasar por una entidad con acceso a datos sensibles. El debate recuerda a las viejas críticas a los asistentes virtuales, que aceptaban órdenes sin verificar la identidad real.
El límite entre el juego y la credulidad
Lo cierto es que la IA no sabe lo que eres; construye su respuesta en base a la información que le das. Los humanos, en cambio, solemos dudar si alguien dice ser un rinoceronte. La máquina no tiene ese filtro. Mientras tanto, la escena más comentada del hilo es la de la cafetera recibiendo instrucciones sobre si es de aluminio o acero. Un recordatorio de que, por muy avanzada que esté la inteligencia artificial, sigue siendo tan crédula como el que la usa.
La pregunta que queda en el aire: ¿es esta maleabilidad una característica deseable o un agujero de seguridad? De momento, el único riesgo parece ser que la IA te convenza de que eres una cafetera y te pongas a hervir agua.
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