La historia de Goucho, un nonagenario que ayudé a cumplir su último deseo

La historia de Goucho, un nonagenario que ayudé a cumplir su último deseo
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Un hombre nonagenario ingresado en un hospital de Cataluña pidió a un conocido de la familia un último sorbo de orujo, y este le llevó una botella de 5 cl de aguardiente Panizo. El relato, contado tras su muerte, mezcla el afecto por un mayor con la pregunta de hasta dónde se puede saltar la norma en un hospital.

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Un hombre nonagenario ingresado en un hospital de Cataluña pidió a un conocido de la familia un último sorbo de orujo, y este le llevó una botella de 5 cl de aguardiente Panizo. El relato, contado tras su muerte, mezcla el afecto por un mayor con la pregunta de hasta dónde se puede saltar la norma en un hospital.

El hombre había sido editor de una revista en Barcelona. Nonagenario, llevaba meses ingresado, con las semanas contadas a base de lavados de estómago y comidas licuadas, y una dependencia total que lo había atado a una silla de ruedas antes de entrar en el hospital. Quien lo visitaba venía desde Asturias, compaginando los viajes con el trabajo. La última vez que lo vio, el hombre apenas distinguía la realidad de la ficción. Aun así lo reconoció y le pidió un favor: un último sorbo de orujo antes de morir.

Un aguardiente de 5 cl comprado en una tienda gourmet

El visitante recorrió varias calles hasta encontrar una tienda gourmet. Compró una botella de 5 cl de aguardiente de la marca Panizo, un formato pequeño pensado para no llamar la atención. La escena tiene su miga: en un hospital, cualquier bebida alcohólica entra en conflicto directo con el tratamiento y con el criterio del personal sanitario. El relato no oculta que la decisión se tomó al margen de ese criterio.

La justificación que da el propio autor de la anécdota es que el hombre no tenía más de seis meses de vida y que ningún tratamiento iba a cambiar el desenlace. Es una valoración personal, no un pronóstico médico. Los profesionales sanitarios son quienes valoran cada caso, y saltarse sus indicaciones puede tener consecuencias. La historia se cuenta desde el afecto, no desde la medicina.

Una vida de hijos, mujeres y calendarios

Goucho tuvo varios hijos con distintas mujeres en una época en la que eso no era ilegal pero sí escandaloso. Antes de eso había sido editor de una revista en Barcelona. Al chaval que lo visitaba le regaló un barco dentro de una botella y una armónica por su comunión, y años después calendarios con fotos de señoritas en ropa interior y consejos amorosos varios. Lo llevaba a cafeterías con camareras y le daba charla.

La relación se perdió al acabar la secundaria, cuando el hombre ya iba en silla de ruedas y dependía de la familia. Se retomó en enero de este año, cuando avisaron del ingreso. El autor de la historia cuenta que ver a un anciano alegre y con salud, pese a la edad y los vicios, convertido en un paciente con los ojos rojos, respirador y 40 kilos de peso, le afectó mucho.

El adiós llegó hace una semana

Un familiar de Goucho pasó hace poco por el pueblo del autor, que le pillaba de camino, y le contó cómo estaba el abuelo. Hace una semana, el hombre murió. Al enterarse, al visitante le volvieron las tardes compartidas y los recuerdos: que si a los 60 años coqueteó con su madre, que entonces tenía 20, y con su tía, que tenía 30 y era su nuera, y con varias chicas del pueblo. Los novios de aquellas chicas ponían cara de cabreo al pasar, cuenta.

La conclusión que saca de todo esto es que se cuide a los mayores, aunque en el fondo caigan mal. Tuvieron que apechugar con los críos en tiempos en los que abandonar a un niño con su madre no era delito. La historia no pide que se repita la botella en la mesilla del hospital. Pide que se acompañe a quien ya no puede salir solo.

Datos clave
  • Un nonagenario ingresado en un hospital de Cataluña pidió un último sorbo de orujo y recibió una botella de 5 cl de aguardiente Panizo.
  • Llevaba meses con lavados de estómago y comidas licuadas, y pesaba unos 40 kilos.
  • Había sido editor de una revista en Barcelona y tuvo varios hijos con distintas mujeres.
  • El ingreso se notificó en enero de este año y el hombre murió hace una semana.
  • El autor de la anécdota viajaba desde Asturias para visitarlo.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Pablo Ganyo

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'Goucho' fue un editor de una revista en Barcelona, a lo mejor @Cormac lo conoce.

Pues bueno, es, digamos, un amigo de la familia. A mi me regaló un barco de esos que vienen metidos en una botella, de regalo de comunión y además una armónica, pero lo más importante: su amistad.

Ya cuando me acercaba a la pubertad, Goucho me regalaba calendarios con fotos de señoritas en paños menores, me llevaba a las cafeterías de la ciudad con las camareras más apretadas para verlas las cachas y consejos segarro varios.

Goucho tuvo varios descendientes con distintas mujeres en una época donde eso no era prohibido pero si algo escandaloso.

Cuando acabé secundaria le perdí la pista, ya que iba en silla de ruedas y era totalmente dependiente de la familia... Hasta que en enero de este año nos notificaron que tuvo que ser ingresado

Conocía su condición desde hace meses e iba a visitarlo muy regularmente, yo soy de Asturias y él está en Cataluña, además por temas de trabajo me lo ponía todavía peor.

Pues bien, a mi me afectó muy negativamente eso, de ver a un yayo alegre, con salud a pesar de su edad (y vicios) a verlo en una cama de un hospital, con los ojos rojos, tal vez pesando no más de 40 kilos y respirador.

Un día que vine él estaba fatal, no distinguía la realidad de la ficción y según me dijo una de las enfermeras de la ss, llevaba semanas a base de lavados de estómago y comidas licuadas.
Se me permitió unos minutos para hablar con él. Yo estaba con lágrimas en los ojos, pero me pudo reconocer, lo que me alegró un poco en ese momento. Él dijo "descendiente, ven, acércate" Acerqué mi cara a la suya y me dijo "Sabes lo mucho que a mi me gusta el orujo, no me gustaría irme de este mundo sin darle un último sorbo. Hazme el favor y tráeme aunque sea para mojarme los labios"

Cualquier persona ( O no) habría seguido estrictamente el código sarracena de las enfermeras y no traería nada que pudiese alterar la condición de salud del paciente. Pero yo veía encima de esa cama de hospital, a un hombre que aunque le diesen los mejores tratamientos posibles de todo el mundo, no tendría más de otros 6 meses de vida y encima en una triste armonía, que chequeando su historial conocido ( y sin haceros de menos) se mea en cualquier anécdota contada por foreros en internet a lo largo de las décadas.

Por lo que, sin contarme un poco, pisoteé varias calles hasta hallar una tienda gourmet y le compré (para no llamar la atención) una botella de 5 cl de aguardiente de la marca Panizo. Tras esto se despidió con un "Dios te salve" y me tuve que ir.

Si os cuento la historia ahora, y no en verano, es porque uno de sus familiares fue de ruta y ya que mi pueblo pillaba de camino decidió pasarse por aquí a hablarme de su abuelo. Goucho esto, goucho aquello....

Pues que hace una semana mismo, el mundo se despidió de Goucho. Al enterarme se me vinieron flashbacks de todas esas tardes que pasé con goucho . Y puedo deciros que, Goucho, cuando tenía 60 años coqueteó con mi progenitora cuando tenía 20 y con mi tía con 30 (siendo esta su nuera) También con varias "chicas" del pueblo aún teniendo él bastantes años. Y sus novios bien que ponían cara de cabreo cuando pasaban por allí, jeje.

La conclusión que saco de todo esto es que cuidéis a vuestros mayores, aunque en el fondo ellos os caigan mal; tuvieron que pringar con vosotros de crios, en tiempos donde abandonar a un crío con su progenitora no era delito.
 

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