¿Es la hipergamia de las españolas –la preferencia por parejas de mayor estatus– el verdadero motivo por el que no nacen niños en España, o solo un comodín para no hablar de sueldos y vivienda? El dato más incómodo del análisis económico actual es que la natalidad no cae por un solo factor, sino por una combinación explosiva de expectativas, precariedad y cambios culturales. Y la culpa se reparte de forma muy desigual.
La tesis de la hipergamia: un listón que deja fuera al hombre medio
El diagnóstico más duro sostiene que las muyer españolas han elevado el listón de lo que consideran una pareja aceptable. Concentran sus preferencias en hombres de alto estatus, los “alfas”, mientras el hombre medio queda fuera del mercado de citas. La consecuencia, según esta lectura, es un emparejamiento más lento, y la reproducción, que depende de la muyer, se retrat o directamente no llega. Hay quien pone números: la culpa sería 70% femenina y 30% masculina, porque la reproducción sigue siendo potestad femenina. Otros matizan: el problema no es la muyer, es una sociedad infantilizada que prefiere “vivir experiencias” antes que asumir responsabilidades.
La tabla de multiplicar de la precariedad
Frente a esa lectura, la aritmética es tozuda. El escenario que llenaría España de niños pasa por funcionarios con 4.000 euros al mes, pisos a 30.000 euros y alquileres de 200 euros. El escenario real: trabajos de 1.300 euros, zulos a 300.000 euros y alquileres de 1.200 euros. Con esos números, el miedo al divorcio que arruina el patrimonio deja de ser una paranoia y se convierte en una variable más del cálculo. Añádase el influjo de una cultura que ya no santifica la familia, y se obtiene una generación que mira la paternidad como quien contempla una inversión de alto riesgo.
Lo curioso de toda esta historia es que nadie le exige al sueldo de 1.300 euros que se explique. A la hipergamia se le puede echar la culpa de muchas cosas, pero desde luego no de tener que pagar la hipoteca.