Morelos: tres universitarias asesinadas y un intercambio sin auditar
¿Puede una universidad pública enviar a una estudiante de 21 años a una región donde ya han apiolado a tres muyer en siete meses? La gloria de Claudia Tacoronte en Morelos ha dejado esa pregunta flotando y, de momento, ninguna institución la ha respondido con nombres y apellidos.
El destino que la familia dice que no eligió
La versión de la familia es incómoda. La joven se había apuntado a un intercambio con una universidad latinoamericana, pero sin concretar país ni centro. La plaza asignada fue México, en la región de Morelos. Es decir, la institución —no la estudiante— habría decidido la geografía del riesgo. Ese detalle es el que separa un accidente trágico de un fallo de gestión, y es el que ninguna nota de prensa va a resolver.
Tres asesinatos que no llegaron a los despachos
En la universidad mexicana a la que iba la joven, tres muyer habían sido asesinadas en los siete meses previos. La Universidad de Granada sostiene que nadie le informó del patrón; como mucho, de un «aumento de la violencia» genérico en la zona. Después del crimen suspendió el programa de intercambio. A buenas horas, dirá una parte; prudencia tardía, matizan otros. El balance institucional es el mismo: el filtro de seguridad no funcionó.
Quién asume el riesgo de un Erasmus
Aquí chocan dos análisis. Uno sostiene que la responsabilidad última recae en quien firma el convenio y conoce el terreno: si envías alumnado a un destino comprometido, asumes el deber de vigilarlo. El otro responde que a los 21 años cada cual elige sus riesgos, igual que elige emigrar o trabajar, y que ninguna institución puede blindar el mundo entero. Ambos tienen parte de razón. Ninguno, en cambio, exculpa al presunto autor del crimen, que es el único punto que la justicia debe esclarecer.
Lo que quedará no es el pésame oficial ni la bandera a media asta. Es una lista de convenios que casi nadie había leído hasta hoy. Y seguirá sin leerse hasta el próximo titular.