El intercambio que Granada envió a una zona con 70 veces más homicidios
¿Cuánto riesgo asumía una estudiante española de 21 años al matricularse un semestre en Morelos? Los números disponibles la colocan en un sitio incómodo. Claudia Tacoronte, joven española, fue asesinada en México, y el vídeo de su hermana —en el que pregunta por qué se normaliza que en un mismo mes maten a tres mujeres en la misma universidad— ha detonado una discusión que va mucho más allá del caso. La tragedia es individual e irreparable; el cálculo del riesgo, en cambio, es una estadística que llevaba tiempo publicada.
Cuautla: 51 homicidios por 100.000 habitantes
Un mapa oficial basta para ordenar el asunto. Cuautla, en el estado de Morelos, registró 99 homicidios en un año para una población de 193.000 almas. La tasa resultante, 51 por cada 100.000 habitantes, convierte al municipio en una anomalía incluso dentro de México: la propia Ciudad de México parece un país alpino a su lado. España, con 370 homicidios y 50 millones de habitantes, se queda en 0,74 por 100.000. Con esos datos, la probabilidad de morir asesinado en Cuautla es 70 veces mayor.
El marco estatal tampoco mejora la foto: en Morelos se contabilizaron alrededor de mil asesinatos en el último año. Y una cifra que se cita al hilo del caso afina el riesgo real: en destinos así matan a uno de cada mil jóvenes por año. El relato del estudiante que se va a «vivir la experiencia» choca con esos decimales.
El programa que la universidad suspendió tarde
La pregunta que sobrevuela es institucional. El programa de intercambio con esa universidad mexicana se ha suspendido, pero se ha suspendido después. Antes, la universidad que enviaba a los alumnos decía no haber recibido información sobre el patrón —una supuesta caza de estudiantes extranjeras, más visibles y con más dinero—; solo le habían advertido de «un aumento de la violencia» en la zona. Hay quien sostiene que ese aviso era material más que suficiente para frenar la movilidad. Otros replican que ninguna institución puede garantizar la seguridad de un adulto en un país ajeno.
Los hechos conocidos siguen su curso. Según las informaciones que circulaban, la policía habría identificado a un presunto autor, un delincuente habitual de la zona ya grabado y señalado por vecinos mucho antes del crimen. Las autoridades locales, según esas mismas versiones, no habrían actuado pese a las denuncias previas. Todo ello es, a esta fecha, terreno de investigación y no de conclusión.
Víctima o adulta: el reparto de culpas
El análisis se parte en dos corrientes. La primera pone el foco en la prevención: ningún discurso de hospitalidad universal debería borrar un mapa de homicidios. La segunda traslada la responsabilidad al individuo —si a los 21 años se elige destino, se asume el riesgo— y recuerda que quien mata es siempre el criminal. Ambas se cruzan, y no siempre con elegancia.
El país arrastra, además, una violencia política extrema: en sus últimas elecciones presidenciales, según los datos que se citan, fue asesinada una treintena de candidatos. Ese es el telón de fondo del «vivir la experiencia».
Nadie quiere ser el que dice que se veía venir. Pero los números llevaban publicados en un mapa oficial desde hace tiempo. El problema, al parecer, era que nadie los adjuntaba a la beca.