Rusia e Irán prolongan la guerra en Siria
La guerra que empezó en 2011 se ha convertido en un conflicto de larga duración en el que dos potencias, Rusia y Irán, han mantenido a Assad en el poder a través de una combinación de apoyo militar y político. A diferencia de la narrativa oficial que habla de una victoria rápida, la realidad se ha mostrado como una guerra híbrida en la que los aliados de Assad siguen controlando la mayor parte del territorio, mientras que las fuerzas rebeldes y los grupos jihadistas apenas logran avances.
A finales de 2024, los informes de la comunidad internacional señalan que Irán ha retirado parte de su contingente de combatientes tras sufrir bajas significativas, lo que sugiere que la estrategia militar conjunta está perdiendo eficacia. Al mismo tiempo, las operaciones de las milicias Wagner y de los grupos pro-iranienses en el oeste de Alepo y el sur de Hama siguen siendo la columna vertebral de la defensa del régimen.
El 10.º aniversario del conflicto, celebrado en 2021, fue un punto de inflexión donde se reconoció que el número de zonas bajo control de los rebeldes se había reducido a poco más del 3 % del territorio sirio. Desde entonces, las ofensivas han sido de carácter fragmentado, con ataques de SVBIEDs y misiles balísticos que han dejado cientos de civiles perecid.
El papel de Rusia no es solo el de proveedor de armamento; ha mantenido bases aéreas en Siria y ha llevado a cabo bombarderos de largo alcance que han desmantelado posiciones de la oposición. Al mismo tiempo, Irán ha utilizado su red de milicias para asegurar rutas de suministro y ha financiado a grupos como Hezbollah y al Nusra.
A pesar de la presión internacional, la situación sigue sin resolverse. El régimen sigue controlando las ciudades clave—Damasco, Alepo y la costa—mientras que las zonas de desierto y las fronteras con Turquía se han convertido en frentes de desgaste.
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