«Me he tenido que ir a otra provincia» para poder tatuarme
El hilo llevaba dos páginas dando por hecho que la gente se arrepiente de sus tatuajes y en este tramo aparece el primer mensaje que lo pone en duda: un participante cuenta que en Barcelona no encuentra cita en ningún estudio serio y que se ha tenido que ir a otra provincia. Frente al relato del arrepentimiento, la respuesta es la agenda: los estudios están llenos. La pelea se muda de sitio y ya no va de si el dibujo envejece mal, sino de quién está dispuesto a esperar por uno nuevo.
Qué se ha sabido
Fargo 2.0 pone encima de la mesa la cuenta del borrado y sale más cara de lo que suena: el láser duele el triple que hacerse el tatuaje, hacen falta muchas sesiones no consecutivas y el proceso se estira hasta
dos años. Durante ese tiempo no se luce un brazo limpio, se luce un borrón. Y añade el detalle del perfil: al que se tatúa, dice, le gusta la playa y las redes, así que dos años de manchurrón no son un plan.
Fermoselle mete Japón en el hilo: en muchos baños públicos, cuenta, no se puede entrar con tatuajes. Chapapote1 añade que el láser no devuelve la piel de antes y que incluso quitándolos quedan cicatrices.
HaCHa rompe el ambiente con la agenda: en Barcelona no consigue hora en los estudios serios, dice, igual que en las provincias colindantes, y por eso se ha ido a otra. Sostiene que en Madrid está peor. Es su experiencia, no un dato de ningún registro.
Cens0r suelta una cifra sin fuente: el personal docente y auxiliar femenino de los colegios, calcula, está tatuado en un
90%. Es una estimación suya, no un recuento.
firestarter echa la vista atrás
25 años: cuando la gente empezó, recuerda, eran cosas discretas, un delfín en el tobillo, un caballito de mar en el omóplato. Mayor Jasón marca la frontera dentro del propio bando: una cosa es un tatuaje con simbología y otra dibujarse un personaje de serie. firestarter añade otro caso que vio: alguien con el dibujo en la coronilla de la calva. Y Chortina Premium, que no se ha tatuado nunca, dice que solo ve manchurrones en brazos y piernas ajenos.
Al tramo llega un vídeo,
, que se comenta de pasada y no mueve la discusión de sitio.
Dónde está la bronca
El choque de este tramo no es el precio, es el diagnóstico. Una parte del hilo sostiene que el tatuaje es una moda que ya se está cayendo y que el arrepentimiento llegará en bloque. kml99 lo resume con guasa: ahora se los pueden quitar con láser,
rebeldes reversibles. circodelia2 pregunta por el tatuaje natural. Fargo 2.0 tira de nombres propios y de elegancia y se pregunta si alguien se imagina a Roger Federer tatuado; en otro mensaje compara un brazo tatuado con un perro rapado y habla de crema depilatoria en hombres adultos. Es una opinión del hilo, no un argumento.
La respuesta más sólida a ese relato no es estética, es de agenda: si el tatuaje estuviera de bajada, no habría que irse a otra provincia para conseguir hora. Ahí el hilo se parte en dos, entre los que leen el arrepentimiento como tendencia y los que ven una industria saturada.
El segundo choque es sobre cuándo llega el arrepentimiento. Matahari sostiene que nadie se arrepiente de haberse tatuado, sino de hacerse viejo y ver cómo queda. Ciudadano 0 le pone fecha: cuando las residencias estén llenas de ancianos arrugados y tatuados, será cuando más se arrepientan. firestarter cierra la imagen: a los
70 años aquello solo parecerán muecas de lo que algo fue.
IMPULSES amplía la lista y le quita hierro al asunto: se arrepiente uno de tatuarse, pero también de casarse, de tener hijos, de haber firmado una hipoteca por un piso pequeño y de haber trabajado más de la cuenta. Para él, el tatuaje es una línea más del mismo cuaderno.
En el lado de la defensa, TIESTO4EVER deja la frase que más se repite del tramo: la piel es delicada como un corazón, y no deberías ponerte encima algo que no te comerías. También sostiene que muchos han caído sin saberlo en algo que llama satanismo. Queda como su opinión, sin desarrollo.
Y está la parte fea. Una tanda de mensajes coloca a los tatuados en un grupo del que conviene alejarse y afirma que en las mujeres el efecto es peor. Otro participante los compara con parásitos. Son opiniones hostiles de quienes las escriben, sin más respaldo que el propio mensaje, y el hilo no las discute: las deja pasar.
Felson desvía el asunto a la política con una broma sobre tatuajes de actualidad y tertulianos. Kako23 añade la suya: un tatuaje con la cara de Fernando Simón. D_M se queja de dos cosas sueltas, los conciertos y los gimnasios, sin desarrollo.
Qué cambia respecto a antes
Hasta aquí el hilo daba el arrepentimiento por hecho y discutía su precio. Ahora entra la contra: la cita imposible. Nadie aporta una estadística y la discusión no se cierra. Cambia el eje: la bronca se desplaza del bolsillo a la vejez, a las residencias y a los 70 años. Es el tramo en el que alguien pone fecha al arrepentimiento, y la fecha no es hoy.
También entra una comparación que antes no estaba: el pelo. lucky starr recuerda que uno se puede cortar como un macarra y en un mes está normal. Chapapote1 insiste en que el tatuaje no tiene ese botón y que el láser tampoco lo pone. Y Thomas Robert Malthus se lo toma a broma: los tatuajes de ahora son de baja resolución, y cuando se hagan en alta volverán a ponerse de moda. El vídeo que se cuelga en mitad del tramo no cambia nada. El hilo sigue partido entre la cita que no llega y el borrón que dura dos años.