Por qué los treintañeros españoles están más amargados que los veinteañeros
Un fin de semana con tres grupos de edad distintos –veinteañeros, treintañeros y cuarentones– dejó una impresión demoledora: los de la generación intermedia son los más resentidos. El relato, que circuló en círculos de análisis económico, describe a los treintañeros como «gordicalvos y mortadelos tisicos, amargados e impertinentes», mientras que los veinteañeros aparecen con más energía y menos ataduras.
El contexto económico de la brecha generacional
La crisis de 2008, la precariedad laboral y el acceso imposible a la vivienda han golpeado con fuerza a quienes hoy tienen entre 28 y 35 años. Mientras los veinteañeros aún no han chocado de frente con el mercado laboral, los treintañeros arrivan una década de frustración acumulada. La comparación con los cuarentones, que vivieron la burbuja inmobiliaria, tampoco favorece: aquellos que no se montaron en la ola del ladrillo ven su situación como aún peor.
¿Se puede medir la amargura generacional?
Más allá de las anécdotas, los datos de paro juvenil (todavía por encima del 20%) y la emancipación tardía (media en 30 años) sostienen que la generación de los treintañeros es la que soporta la mayor tasa de sobrecualificación y menores salarios relativos. Que en las redes se exprese como descontento visceral no sorprende.
La pregunta que queda abierta: ¿se revertirá esta tendencia o los veinteañeros acabarán igual de amargados cuando lleguen a los 30?
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