688.000 personas juegan a que la vida es un videojuego
Año nuevo, parche nuevo. En r/outside, un subreddit con 688.000 suscriptores, las fiestas son una actualización del servidor y los propósitos, misiones secundarias. Allí se lleva al extremo la idea de que la realidad es un videojuego: el trabajo es grinding, las enfermedades, debuffs, y la muerte, game over. Lo interesante no es la metáfora, que cualquiera con un mando ha pensado alguna vez, sino el paso siguiente: si somos capaces de crear simulaciones tan inmersivas, ¿quién nos dice que no somos nosotros el contenido de una?
De la metáfora a la sospecha
El argumento, repetido en círculos tecnológicos, gana enteros cuando se combina con la física cuántica y la conciencia. Se señala que el ser humano ha creado la realidad a su imagen en los videojuegos; aplicando la lógica inversa, alguien ha tenido que programar la nuestra. Y si alguien la programó, alguien la está jugando. Las respuestas sobre la identidad del programador van desde una conciencia única y fragmentada hasta una dimensión donde infinitas almas esperan turno para imbuir cuerpos terrenales.
La comparación con el videojuego no se queda en la superficie. Hay quien señala que las reglas de la vida ya tenían estructura de juego antes de que existieran los videojuegos: lo que no te mata te hace más fuerte, no pasas de fase sin cumplir ciertos requisitos, y los grandes imperios caen cuando se rompe la alianza que los hacía invencibles, como en un jefe final. La diferencia es que ahora disponemos de un vocabulario preciso para nombrarlo.
Simulación o granja de energía
No todos lo ven como un juego inocente. Hay una corriente que sostiene que la simulación no es un divertimento sino una trampa: una granja de energía donde los jugadores son el ganado. Esta lectura, con ecos gnósticos, se apoya en la existencia del sufrimiento y en el hecho de que el personaje no tiene elección real. Frente a la idea new age de «venimos a aprender», se levanta la sospecha de que solo somos baterías. La promesa de evolución sería la mayor estafa para mantenernos conformes.
La discusión roza entonces la psicología. Se menciona el Game Transfer Phenomena, concepto descrito por Angelica Ortiz de Gortari, que documenta cómo elementos de los videojuegos se cuelan en la percepción real tras sesiones intensas. Aplicar esa lente a la vida produce despersonalización, admiten algunos, aunque para otros es una forma de desdramatizar lo que ocurre.
Un guion con precedentes
La idea tiene pedigrí. Ya en 1995, Secret of Evermore planteaba a un grupo de científicos atrapados en su propia creación. Y no faltó quien recurriera a Las doce pruebas de Astérix como manual de resistencia: el héroe que comprende las reglas del juego y aprende a hacer trampas, pasando de reaccionar manipuladamente a ser un actor.
La comunidad, además, no se reduce. Cada año nuevo se espera como un parche, con la misma mezcla de curiosidad y escepticismo. Si todo es un juego, alguien tendrá que explicar cómo se gana. O, peor aún, quién está detrás del mando.