Un mensaje viral sostiene que la nueva alcaldesa del distrito londinense de Ealing celebró su nombramiento rodeada de un equipo sin ingleses y que los blancos ya son minoría en la capital. La realidad demográfica de Londres es más matizada que ese relato.
Qué dice el mensaje que circula
Una publicación atribuida a un usuario de X afirma que la nueva alcaldesa del distrito londinense de Ealing celebró su nombramiento con un equipo en el que, según el texto, no hay ningún inglés y todos son musulmanes. El mismo mensaje añade que los ingleses ya son minoría en su capital y cifra a los blancos en el 36% de la población londinense. La pieza cierra con una conclusión política: la asimilación cultural habría sido una farsa y el llamado «reemplazo» estaría en marcha.
El dato del 36% y lo que mide
Londres es una de las ciudades más diversas de Europa. Los censos británicos suelen mostrar que la población que se identifica como blanca británica ha caído por debajo de la mitad en la capital, y que el conjunto de residentes blancos ronda el 50% cuando se suman otras procedencias europeas. La cifra del 36% que difunde el mensaje no coincide con los datos publicados por la Office for National Statistics en el censo de 2021. Ese porcentaje se refiere, en todo caso, a los blancos británicos, no al total de blancos.
Por qué importa el cargo de alcaldesa
Ealing es un distrito del oeste de Londres con unos 340.000 habitantes. El cargo de alcalde en un borough londinense es una figura cívica y representativa, elegida por el consejo municipal, no un puesto ejecutivo con competencias sobre inmigración o política cultural. Que quien lo ocupe sea musulmán o tenga origen extranjero no cambia las competencias del puesto ni la composición del consejo, que se elige en las urnas locales.
La asimilación y el «reemplazo» como marco
El término «reemplazo» procede de teorías conspirativas que sostienen que existe un plan deliberado para sustituir a la población autóctona. No hay evidencia de tal plan. Los cambios demográficos en Londres responden a décadas de migración laboral, reunificación familiar y una natalidad distinta entre grupos, no a una estrategia coordinada. Presentar la diversidad de un distrito como prueba de una conspiración es un salto que los datos no permiten.