Powell admite enfriamiento del empleo con inflación alta
El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, resumió el cuadro macroeconómico en una frase que ha encendido todas las alarmas: «Las condiciones del mercado laboral se están enfriando y la inflación sigue algo elevada». Traducido al castellano de a pie, eso tiene un nombre feo que sonaba a música de los años setenta: estanflación. La combinación de paro al alza, crecimiento raquítico y precios que no bajan deja a los bancos centrales sin margen de maniobra. Si suben tipos, ahogan la economía; si los bajan, la inflación se desboca.
Qué es la estanflación y por qué vuelve ahora
La estanflación no es una recesión al uso. Es lo peor de dos mundos: la economía no crece, el desempleo sube y, encima, los precios siguen disparados. Normalmente la inflación alta viene con crecimiento fuerte y el paro alto con recesión. Aquí se juntan los dos venenos. El último episodio comparable fue el de los años setenta, con la crisis del petróleo, cuando el paro juvenil se disparó y, según se recuerda en los análisis más crudos, eso coincidió con un aumento del consumo de heroína en determinados entornos.
La diferencia es que entonces existía margen para un Volcker que subiera los tipos hasta el 12% de media y destruyera la economía a corto plazo para salvarla a medio. Hoy el debate es si alguien tendría estómago para repetirlo.
El argumento de la IA como salvavidas no cuadra
Hay quien sostiene que la inteligencia artificial resolverá el problema por la vía de la productividad: más output con menos mano de obra, crecimiento suficiente para evitar la recesión. El problema es que ese escenario no está sobre la mesa. Powell no lo menciona. Y si la IA no cumple las promesas a corto plazo, el ajuste se cobra primero en el sector tecnológico, donde ya se habla de quiebras en masa.
El cálculo más optimista asume que la productividad despega antes de que el paro se descontrole. El pesimista parte de que la IA destruye empleo administrativo y de servicios antes de crear el nuevo. En medio, la Fed sin margen.
España no está en estanflación, pero tiene nubarrones
España ha sido la niña bonita de Europa en crecimiento durante los últimos ejercicios, tirando del carro mientras el resto de la UE se arrastraba. Pero eso no la blinda. La inflación no termina de bajar y el paro, aunque en descenso, sigue siendo estructuralmente alto. Si el entorno global se tuerce, el margen de gasto público se estrecha y la combinación se vuelve incómoda.
La OCDE publicó previsiones de crecimiento del PIB que algunos usan para desmontar el relato catastrofista sobre Estados Unidos. Otros responden que las previsiones se revisan cada trimestre y que el dato de inflación subyacente no engaña.
Quién gana y quién pierde con este escenario
En un escenario de tipos altos prolongados, los primeros en caer son los que dependen del crédito: hipotecados a tipo variable, empresas sin colchón de caja, autónomos con líneas de circulante. Los que sobreviven compran a los que caen. La concentración empresarial se acelera.
Hay quien lo ve como una oportunidad generacional. Quien tenga liquidez podrá comprar bonos a precios de derribo cuando la Fed se vea forzada a un giro brusco. Quien no la tenga, pagará la fiesta. La deuda pública se diluye con inflación, y eso beneficia al deudor, que en este caso son los Estados. El ahorrador de a pie es el pagano.
El oro, la plata y el refugio clásico
En este contexto, los metales preciosos vuelven al primer plano. Quien los compró hace tiempo habla de rentabilidades de tres dígitos. La lógica es sencilla: si el dinero fiat pierde valor y los tipos reales no compensan, el oro actúa como refugio. La plata, más volátil, sigue el mismo camino con más ruido.
La cuestión es si estamos ante una inflación sostenida del 2-3% o ante algo peor. Si se descontrola, la restricción monetaria se vuelve inevitable y brutal. Si se contiene, el ajuste será más lento pero igual de doloroso para quien viva endeudado.
El dato que descoloca: mientras se discute si hay estanflación o no, la deuda global sigue creciendo y nadie ha explicado todavía cómo se paga sin inflación o sin default. Powell lo sabe. Por eso elige las palabras con pinzas.