La dieta de verduras en Moncloa que no cuajó con las hijas de Zapatero
Cuentan los empleados que Sonsoles Espinosa impuso en la residencia oficial una disciplina alimentaria implacable: verduras, verduras y más verduras, y por la noche, ensaladas. El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y su esposa, ambos de complexión delgada, mantenían una rutina vegetariana estricta. Sin embargo, quienes observaban a las dos hijas de la familia notaban un evidente contraste. El debate que ha resurgido en foros de opinión pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿por qué siendo los padres tan esbeltos, las hijas presentaban un sobrepeso notable?
Las hipótesis sobre el peso de las hijas de Zapatero
Las teorías se multiplican. Una corriente apunta a que las hijas compensaban fuera de casa lo que no comían en Moncloa: hamburguesas, pizzas, bollería industrial. Otra versión sostiene que la exigencia de la dieta materna provocaba un efecto rebote, con atracones de carbohidratos y grasas en cuanto salían del control paterno. Algunos comentarios citan la genética caprichosa o un metabolismo desfavorable heredado de la progenitora, que no se traduciría en su propio peso pero sí en el de las hijas.
El lado oscuro de la dieta estricta
Hay quien recuerda que las verduras, si se aliñan con aceite, frutos secos o salsas, pueden tener un alto contenido calórico. También se menciona que la dieta vegetariana mal planteada puede derivar en carencias nutricionales que alteren el metabolismo. Algunos participantes llevan el análisis al terreno político: el contraste entre el discurso ecológico y la realidad física de la familia sería una metáfora de la gestión de Zapatero, donde las promesas de sostenibilidad chocaban con los resultados.
Un misterio sin resolver
A día de hoy, nadie ha confirmado oficialmente los hábitos alimenticios de la familia al completo. Lo que queda es una anécdota que, para muchos, simboliza las contradicciones de aquella etapa: la imagen pública del verde pogre frente a los comportamientos privados. El asunto, desde luego, no es baladí para quienes siguen debatiendo la herencia del zapaterismo.