silverdaemon
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......veo consumismo desaforado y personas vistiendo, viajando, conduciendo y comprando ropa/viajes/coches/vestidos que a mi me parecen cuando menos innecesarias y a menudo abusivas.
Me pregunto cuanta gente esta sufriendo por no llegar a fin de mes pero no puede refrenar su necesidad de exhibir estatus para comprar una autoestima y reconocimiento social que en este pais, nación de la envidia, solo se basa en el lujo y la riqueza - o la apariencia de la misma-. Sanchez Dragó siempre lo decía
Ya en el siglo de oro se hablaba de los hidalgos arruinados que se echaban migas en la pechera para parece que habian comido algo. Recientemente han sacado una serie que va de eso, de un noble arruinado que trata de mantener su apariencia de riqueza y no hace mas que el ridículo. Es un tema que ya trató berlanga en su trilogía de la escopeta nacional. La serie se llama "Grande de España".
Muchas veces, al hablar de la situación económica, podemos limitarnos a mencionar las cifras o de los márgenes de ahorro y renta, pero lo cierto es que este asunto implica muchos más aspectos, sobre todo aquellos relacionados con la parte psicológica. Ir apurado económicamente o tener una situación de inestabilidad puede ser incluso más dañino a este nivel que en un sentido puramente material.
Un reciente estudio de la compañía Klarna nos muestra cómo estas preocupaciones se filtran diariamente en la vida de millones de españoles, incluso cuando no hay ningún gasto o factura delante. El informe, titulado"The Clarity Effect", estima que el 69% de los españoles piensa a diario en el dinero y que uno de cada cuatro piensa en este asunto más de cuatro veces al día.
Además, casi el 20% de los encuestados afirma pensar en asuntos económicos al intentar conciliar el sueño, al quedarse repasando su situación financiera antes de dormir, lo que puede generar problemas en el descanso.
Según el estudio de BBVA Research "¿Quién ahorra en España? Heterogeneidad en la capacidad de ahorro de los hogares", que ya analizamos en este diario, aproximadamente uno de cada tres hogares españoles presenta una tasa de ahorro negativa. En concreto, el porcentaje alcanza el 33,6%, lo que significa que su consumo anual estimado supera su renta disponible.
La diferencia entre familias es considerable. Entre el 10% de los hogares con menores ingresos, el 75,8% gasta más de lo que ingresa. En el segundo decil de renta, el porcentaje todavía alcanza el 52,9%. En cambio, entre el 10% de los hogares con mayores ingresos, solo el 9,2% presenta un ahorro negativo.
El estudio sitúa la renta anual mediana de los hogares que gastan más de lo que ingresan en 25.759 euros, frente a los 42.896 euros de aquellos que presentan una tasa de ahorro no negativa. Son más de 17.000 euros de diferencia entre ambos grupos, una distancia que ayuda a explicar por qué la capacidad para reservar dinero cada mes está lejos de repartirse de manera uniforme.
Esto, como es lógico, genera un efecto preocupante, ya que cualquier imprevisto, como hemos dicho, puede causar un descalabro en las economías familiares que ya se encuentran al límite, generando estos pensamientos recurrentes y, por lo mismo, un importante estrés.
La psicología lleva años estudiando cómo esta incertidumbre afecta al bienestar. Una revisión sistemática publicada en 2025, que analizó 94 estudios longitudinales de 24 países, encontró que las dificultades económicas se asociaban con peores resultados de salud mental en 101 de las 116 estimaciones examinadas, especialmente en el caso de la depresión. No se trata únicamente de disponer de menos dinero, sino también de la presión que supone no saber si se podrá hacer frente a los gastos que están por venir. En este sentido, la clave del estrés sería más la inseguridad económica futura que no necesariamente, salvo en casos particularmente estresantes, la actualidad.
De hecho, un estudio publicado en agosto de 2026 en Frontiers in Psychology encontró una relación entre la inseguridad económica y menores niveles de felicidad y satisfacción vital en 29 países. Además, una encuesta longitudinal incluida en la investigación vinculó esa incertidumbre con una mayor fatiga a la hora de tomar decisiones financieras, lo que aumentaba el estrés y, paradójicamente, la posibilidad de empeorar de forma efectiva la propia situación económica por tomar decisiones equivocadas.
En cualquier caso, el impacto psicológico de la inseguridad financiera no se limita a quienes tienen menos ingresos. La falta de margen para afrontar un gasto extraordinario puede convertir cualquier avería, factura o desembolso inesperado en un problema de primer orden. La cuestión, por tanto, no es sólo cuánto dinero tiene una familia, sino también qué capacidad conserva para responder ante lo imprevisto sin poner en riesgo el resto de su economía.
Me pregunto cuanta gente esta sufriendo por no llegar a fin de mes pero no puede refrenar su necesidad de exhibir estatus para comprar una autoestima y reconocimiento social que en este pais, nación de la envidia, solo se basa en el lujo y la riqueza - o la apariencia de la misma-. Sanchez Dragó siempre lo decía
Ya en el siglo de oro se hablaba de los hidalgos arruinados que se echaban migas en la pechera para parece que habian comido algo. Recientemente han sacado una serie que va de eso, de un noble arruinado que trata de mantener su apariencia de riqueza y no hace mas que el ridículo. Es un tema que ya trató berlanga en su trilogía de la escopeta nacional. La serie se llama "Grande de España".
Muchas veces, al hablar de la situación económica, podemos limitarnos a mencionar las cifras o de los márgenes de ahorro y renta, pero lo cierto es que este asunto implica muchos más aspectos, sobre todo aquellos relacionados con la parte psicológica. Ir apurado económicamente o tener una situación de inestabilidad puede ser incluso más dañino a este nivel que en un sentido puramente material.
Un reciente estudio de la compañía Klarna nos muestra cómo estas preocupaciones se filtran diariamente en la vida de millones de españoles, incluso cuando no hay ningún gasto o factura delante. El informe, titulado"The Clarity Effect", estima que el 69% de los españoles piensa a diario en el dinero y que uno de cada cuatro piensa en este asunto más de cuatro veces al día.
Además, casi el 20% de los encuestados afirma pensar en asuntos económicos al intentar conciliar el sueño, al quedarse repasando su situación financiera antes de dormir, lo que puede generar problemas en el descanso.
Una situación tensa
Estos datos, si bien llamativos por sí solos, se corresponden bastante bien con las informaciones que llevamos meses recibiendo. Y es que, según el INE, el 36,4% de la población española no tenía capacidad para afrontar gastos imprevistos en 2025, según la Encuesta de Condiciones de Vida. El porcentaje empeoró respecto al 35,8% de 2024, aunque mejoró frente al 37,1% de 2023. Pese a ello, más de un tercio de los ciudadanos seguía sin disponer de recursos suficientes para hacer frente a un desembolso extraordinario, algo relativamente habitual y difícilmente evitable.Según el estudio de BBVA Research "¿Quién ahorra en España? Heterogeneidad en la capacidad de ahorro de los hogares", que ya analizamos en este diario, aproximadamente uno de cada tres hogares españoles presenta una tasa de ahorro negativa. En concreto, el porcentaje alcanza el 33,6%, lo que significa que su consumo anual estimado supera su renta disponible.
La diferencia entre familias es considerable. Entre el 10% de los hogares con menores ingresos, el 75,8% gasta más de lo que ingresa. En el segundo decil de renta, el porcentaje todavía alcanza el 52,9%. En cambio, entre el 10% de los hogares con mayores ingresos, solo el 9,2% presenta un ahorro negativo.
El estudio sitúa la renta anual mediana de los hogares que gastan más de lo que ingresan en 25.759 euros, frente a los 42.896 euros de aquellos que presentan una tasa de ahorro no negativa. Son más de 17.000 euros de diferencia entre ambos grupos, una distancia que ayuda a explicar por qué la capacidad para reservar dinero cada mes está lejos de repartirse de manera uniforme.
Esto, como es lógico, genera un efecto preocupante, ya que cualquier imprevisto, como hemos dicho, puede causar un descalabro en las economías familiares que ya se encuentran al límite, generando estos pensamientos recurrentes y, por lo mismo, un importante estrés.
Las cuentas estresantes
La preocupación por el dinero, no obstante, no se limita a las situaciones de pobreza. También puede aparecer entre quienes tienen ingresos regulares, pero deben dedicar una parte importante de ellos a gastos fijos o carecen de ahorro suficiente. Dos hogares con el mismo sueldo pueden experimentar una seguridad financiera muy diferente en función de su deuda, sus obligaciones familiares, el coste de la vivienda y el dinero que consiguen reservar cada mes. No en vano, y volviendo al informe de Klarna, el 86% de los encuestados prefiere conocer el coste total de una compra por adelantado, incluso si esta resulta superior a lo esperado.La psicología lleva años estudiando cómo esta incertidumbre afecta al bienestar. Una revisión sistemática publicada en 2025, que analizó 94 estudios longitudinales de 24 países, encontró que las dificultades económicas se asociaban con peores resultados de salud mental en 101 de las 116 estimaciones examinadas, especialmente en el caso de la depresión. No se trata únicamente de disponer de menos dinero, sino también de la presión que supone no saber si se podrá hacer frente a los gastos que están por venir. En este sentido, la clave del estrés sería más la inseguridad económica futura que no necesariamente, salvo en casos particularmente estresantes, la actualidad.
De hecho, un estudio publicado en agosto de 2026 en Frontiers in Psychology encontró una relación entre la inseguridad económica y menores niveles de felicidad y satisfacción vital en 29 países. Además, una encuesta longitudinal incluida en la investigación vinculó esa incertidumbre con una mayor fatiga a la hora de tomar decisiones financieras, lo que aumentaba el estrés y, paradójicamente, la posibilidad de empeorar de forma efectiva la propia situación económica por tomar decisiones equivocadas.
En cualquier caso, el impacto psicológico de la inseguridad financiera no se limita a quienes tienen menos ingresos. La falta de margen para afrontar un gasto extraordinario puede convertir cualquier avería, factura o desembolso inesperado en un problema de primer orden. La cuestión, por tanto, no es sólo cuánto dinero tiene una familia, sino también qué capacidad conserva para responder ante lo imprevisto sin poner en riesgo el resto de su economía.
