La trampa de Atapuerca: 60 bisontes de golpe, pero con olor a problema
¿Se imaginan cazar 60 bisontes de una tacada? En Atapuerca lo hacían. Olvídense de lanzas y azagayas: la estrategia era instalar el campamento en un abrevadero natural y un cuello de botella donde las manadas pasaban año tras año. Acorralaban a los animales contra una trampa de la que no podían salir y caían por decenas. La eficiencia energética era decenas de veces superior a la caza individual. Pero no todo era idílico.
El problema llegaba después. Una tribu de veinte personas no puede procesar cuarenta bisontes. La carne sobrante atraía a todos los carroñeros del entorno: buitres, hienas, osos. Convertir el campamento en un imán de depredadores no parecía el mejor plan de convivencia.
Ahumar no era la solución mágica
Algunos sugieren que ahumaban la carne y la almacenaban en cuevas. Pero el humo dispersa el olor a carne y atrae aún más a lobos y osos. No eran precisamente vecinos deseables. Así que la eficiencia tenía un coste: la seguridad del grupo. Quizás por eso no se ven asentamientos permanentes masivos en esos puntos. La trampa funcionaba, pero vivir allí era otro cantar.
Conclusión: cazar 60 bisontes de golpe suena a paraíso de la proteína, pero en la práctica, el menú lo compartías con toda la cadena trófica. Ironías de la prehistoria.
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